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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 560

Capítulo 560

Como la quimioterapia provocó la caída del cabello y eso se parecía a varias de las señales del envenenamiento por talio, ni siquiera el abuelo Roberto notó nada raro.

Desde que el veneno hizo efecto hasta su muerte pasaron apenas seis meses. Vanessa escuchó todo aquello con el corazón hecho pedazos.

¡Estos tres, peor que animales!

Vanessa no podía dejar de pensar en el suplicio que su papá padeció en la cama del hospital; al final, cuando murió, estaba en los huesos.

Era un hombre alto y corpulento que, al morir, tenía la muñeca tan delgada que ella podía rodeársela con una sola mano.

Vanessa sentía un dolor insoportable. El dolor le oprimía el pecho, las lágrimas le caían a chorros y los fulminó con la mirada:

-¡Ustedes, todos merecen morir!

Al ver su mirada, los tres sintieron una incomodidad inexplicable.

-Maldita bastarda, ya que lo sabes todo, firma

de una vez, desactiva el sistema de alarma y te mando al otro mundo.

Yolanda, con una sonrisa siniestra, la apuró.

-Ya no tienen escapatoria, Yolanda, Bernardo, Cristóbal... ¡se les terminó el corrido! -Vanessa fue diciendo sus nombres uno a uno, con una mirada de odio, fría y aterradora.

Sin saber por qué, esa mirada los dejó petrificados. Bernardo abrió mucho los ojos y se sobresaltó. Uno de los hombres entró corriendo y dijo angustiado:

-¡Mal asunto! Lo que estamos haciendo lo están transmitiendo en vivo...

A Cristóbal le cambió la cara.

-¿Qué dijiste?

El hombre sacó enseguida el celular y abrió la transmisión. Ahí estaban ellos, los tres, en la imagen. Por el ángulo, se veía que los estaban grabando desde donde Vanessa estaba parada.

-¡Fuiste tú! -Yolanda, atónita, cayó en la cuenta demasiado tarde. Vanessa la había detenido a propósito para que no contestara la

llamada.

Cristóbal le dio esa cachetada con tanta fuerza que a Vanessa le zumbaron los oídos y se le nubló la vista.

Pero su voluntad era firme; no supo si fue por tanto odio o por qué, pero le clavó los dientes en la oreja a Cristóbal.

Mordió con una saña tremenda, como si quisiera arrancarle la oreja. Cristóbal aulló del dolor como un cerdo en el matadero y pidió a gritos que apartaran a Vanessa. Bernardo y Yolanda, ante aquel giro tan repentino, se quedaron paralizados.

Solo al escuchar el grito de Cristóbal reaccionaron y corrieron a tirar de Vanessa, pero ella, como una loca, seguía mordiendo sin soltar.

El sabor intenso de la sangre le llenó la boса, у por más que Bernardo tiraba de ella, por más que Yolanda golpeaba y maldecía, ella no aflojaba.

Hasta que Yolanda tomó algo y se lo estrelló con

fuerza en la cabeza. A Vanessa se le nubló la vista y, al mismo tiempo, soltó la oreja. En ese momento, se escucharon desde la puerta muchos pasos.

Un grupo de policías irrumpió tras Rafael, que iba al frente.

-Están rodeados, ríndanse.

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