Bianca salió a beber con unas amigas que, como ella, eran modelos. Consiguieron una mesa privada frente al escenario. Bianca se llevaba bastante bien con sus dos acompañantes. Desde que Claudia Becerra quedó vetada en la industria, a ellas les llovió el trabajo y consiguieron numerosos contratos publicitarios.
—Bianca, mira. Ese no está nada mal.
—Tiene muy buen cuerpo. No tiene nada que envidiarles a los modelos que conocemos. Lástima que a los que una conoce en lugares así solo se los pueda mirar, pero no tocar.
Su amiga evaluó uno por uno a los hombres de buen físico que estaban en la pista de baile. Tenía ojo de águila. Le bastaba una mirada para saber si alguien valía la pena.
Bianca miró en la misma dirección y el hombre le resultó familiar. Entrecerró los ojos y volvió a observarlo con atención.
Sí, ya lo había visto. Era el hombre del que apenas había logrado librarse la última vez: guapo y con un físico atractivo.
—No está mal.
Sin darle mayor importancia, Bianca tomó la copa de coctel de la mesa y bebió. Al parecer, el hombre notó que lo miraban y volvió la cabeza hacia ellas.
—Viene hacia acá.
—¿Vendrá a coquetear conmigo? Es tan guapo… ¿Me lo ceno?
Corina Núñez le dio un codazo a Bianca y por poco le hizo derramar la bebida. Bianca dejó la copa a toda prisa y alzó la mirada.
El hombre que se detuvo frente a ellas era alto, tenía piernas largas y vestía con estilo; parecía la estrella de una banda juvenil.
—Hola, soy Joel. —Les tendió la mano con una sonrisa pícara.
Tomó la iniciativa de presentarse. De cerca resultaba aún más atractivo.
—Corina. —Se levantó con una sonrisa entusiasta y le estrechó la mano.
—Talía.


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