Alexis seguía en la sede corporativa y podía ganarse el apoyo de Édgar para convertirse en el nuevo heredero de la familia Cisneros.
Pero si Édgar se enteraba…
—¿Así que llevabas investigándome en secreto todo este tiempo? —Yolanda se agitó sin importarle sus heridas. La cara se le contorsionaba de odio.
Cuanto más se desquiciaba, más frío se mostraba Rafael. Yolanda se estremeció ante aquella mirada glacial.
—Madre, será mejor que decidas a quién quieres proteger: a Alexis o a tu hombre, Damián.
—¡No! ¡Ni se te ocurra hacerles nada, Rafael!
Yolanda estaba aterrada ante la posibilidad de que les hiciera daño. Rafael se rio para sí. ¡Qué amor tan admirable! Jamás conoció el amor de una madre.
Ya tampoco lo necesitaba.
—Mientras sigas encerrada, verás cómo se vienen abajo todos tus planes para Alexis.
—¡No, no! ¡Soy tu mamá! No lo hagas. Aunque sea por mí, no te metas con él, por favor —gritó Yolanda al verlo darse la vuelta para salir.
Rafael se detuvo con una actitud aún más burlona.
—¿Mamá? Yo no tengo madre.
Rafael abrió la puerta de la habitación del hospital y salió con paso firme. En la cama quedó Yolanda, que gritaba de dolor.
—¡Rafael! ¡No puedes hacer esto! ¡Aunque te quejes de mí, sigo siendo tu madre, Rafael!
Él siguió caminando. La puerta se cerró y ahogó los gritos de Yolanda. Vanessa lo esperaba unos pasos más allá, en el pasillo. Momentos antes, al abrirse la puerta, Vanessa había escuchado los gritos de Yolanda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)