Leonardo miró con expectación a Sergio, el único que aún no había hablado. Sergio miraba el celular con gesto indiferente.
Leonardo se inclinó para mirar la pantalla.
—Sergio, ¿estás ocupado organizando el compromiso?
Al escuchar su nombre, Sergio envió el mensaje y dejó el celular.
—No.
La pantalla se apagó. Sergio levantó la mirada hacia Leonardo.
—¿Qué pasa?
Leonardo ladeó la cabeza, confundido.
—¿A quién le escribías? Los dos acaban de decir que asistirán a la gala de premios de guion. ¿Y tú? ¿Tendrás tiempo?
Sergio reflexionó un momento.
—Depende de si tengo que operar ese día. Si no, puedo ir.
—Bien, entonces también invitaré a Bianca.
Dicho esto, Leonardo tomó el celular y le escribió a Bianca. Aunque no se llevaban bien y apenas se saludaban cuando coincidían, Leonardo podía comunicarse con ella. Pero Bianca era la mejor amiga de Vanessa, así que debía invitarla por consideración hacia Vanessa y por cortesía.
La expresión de Sergio cambió por un instante. Apretó los labios y bebió un sorbo de té.
Rafael lo miró.
—¿En serio vas a comprometerte?
Sergio dejó la taza sobre la mesa, tranquilo y afable.
—Solo es un matrimonio por conveniencia; da igual con quién me case.
—¿Te gusta Andrea? —Volvió a preguntar Rafael, tan directo al hablar como al actuar.
Leonardo se burló.
—¿Él? ¿Sabe querer a alguien?
Verónica puso los ojos en blanco.
—Claro, porque tú sí. Te enamoras ocho veces al día.

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