Luego abrió el reloj de bolsillo para revisar lo que había en su interior. Al confirmar que el líquido no lo había arruinado, su semblante se relajó un poco.
El mesero se disculpaba, temeroso y angustiado.
—Puedes retirarte —dijo Rodrigo con frialdad.
El empleado no dejó de darle las gracias antes de irse. Verónica se mostró algo confundida al verlo tan tenso momentos antes. Quiso distinguir qué había dentro del reloj de bolsillo, pero por desgracia no logró ver nada.
—¿Está todo bien? —preguntó ella.
—Todo bien —respondió Rodrigo.
La camisa negra de Rodrigo, empapada, se le pegaba al pecho. Se quitó el reloj y lo guardó en el bolsillo del saco.
Verónica miró su pecho empapado y le dedicó una sonrisa profesional.
—¿Por qué no lo dejamos por hoy para que pueda ir a cambiarse?
Rodrigo captó la indirecta.
—Bueno, lo dejamos por hoy.
Ambos se levantaron al mismo tiempo y salieron de la cafetería.
Al subir al auto, Rodrigo se quitó el saco en el asiento trasero y fue desabrochando los botones de la camisa uno por uno. Después se puso una camisa negra limpia que cubrió los músculos bien definidos de su pecho.
Diego, su asistente, se volteó para mirarlo desde el asiento delantero y preguntó:
—Verónica lleva años colaborando con Rafael. Dudo que acepte nuestro acercamiento.
Para entonces, Rodrigo ya se había puesto el saco. El atuendo oscuro acentuaba su aire sombrío e indescifrable.
—Que sea difícil no significa que no haya oportunidad —dijo Rodrigo—. Les pedí que investigaran el paradero de Damián. ¿Encontraron algo?
Diego apartó la mirada y bajó la cabeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....