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El arte del clímax romance Capítulo 10

El CEO abandona la oficina rápidamente para ir detrás de Daviana, pero al salir se percata que justamente las puertas del ascensor se cierran.

—¡Mierda!

Se devuelve a por las llaves del coche y sale expulsado de la oficina, intentaría alcanzarla en la recepción.

Daviana sale del ascensor para encaminarse hasta la salida con un poco de prisa, ahora le tocaba tomar un taxi puesto que tanto su jefe como el hijo le restaron bastante tiempo de su salida.

Unos segundos después Michele sale por las puertas de las escaleras de emergencias caminando directo hasta la recepción después de no ver a Daviana por ninguna parte.

— Mi secretaria, ¿la han visto salir? —pregunta al vigilante con expresión nada amistosa.

—Sí señor, acaba de pasar por aquí en estos momentos, se dirigió a la salida —le responde el vigilante.

El CEO encaminó sus pasos hasta la salida del edificio esperando encontrarla afuera, para cuando entre abre un poco la puerta la ve, hace amago de salir, pero entonces escucha que recibe una llamada.

Detalla como saca su móvil y contesta de manera inmediata.

—¡Si! —él no logra escuchar absolutamente nada de la conversación, sin embargo se queda un poco más para saber lo que ella tenía que decir —. ¿Ahora? —su voz sonó algo preocupada —. Estaré allí cuanto antes.

Michele frunce el ceño para luego verla bajar los escalones de la entrada a toda prisa, la castaña esperaba un taxi o a alguien, y eso le llamo mucho la atención. Regresa sobre sus pasos y de inmediato se dirige hasta el estacionamiento del edificio.

Al llegar al mismo y cuando nadie lo ve corre hacia su coche, se sube para luego ponerlo en marcha. Al abandonar su empresa, el CEO se fija que ella se había subido a un coche el cual comenzó a seguir de cerca.

Se sentía curioso de saber hacia donde ella iba, esa llamada le pareció muy extraña. La altero bastante, se preguntó si se iba a encontrar con alguien. Quizás la razón por la que lo rechazaba constantemente.

Al cabo de varios minutos de conducción, el CEO detiene su coche en el hospital central de la ciudad. Frunce la mirada cuando divisa que Daviana se baja del taxi a toda prisa, desde luego que él busca la manera de estacionar su auto para ir a seguirla.

Dándole su espacio a la castaña, la sigue hacia el interior del abarrotado hospital. Ella parecía saber exactamente hacia dónde ir, más él estaba completamente perdido de dar tantas vueltas. Y por cada pasillo que se metían había más personas.

Todo el mundo se le quedaba mirando, pero Daviana parecía ser la única que no se percataba de su presencia… hasta que ella dejo de caminar, se detiene ante una puerta llevándolo a retroceder un poco.

Por esta puerta sale un sujeto vestido de doctor, quien al mirar a Daviana le sonríe con cariño. Y aquel gesto no le gusto a Michele, el pelinegro aprieta la mandíbula al ver a esos dos muy juntos.

Luego el médico posiciona una mano sobre el brazo de ella como tratando de palmarlo, y ese momento el CEO se preguntó si ella había hecho esa trayectoria solo para ver a ese sujeto.

Como no lograba escuchar lo que decían, se acerca un poco más, camuflado por la cantidad de personas en el corredor.

—¿Cómo está?

—Tienes que estar tranquila, no ganas nada con alterarte Daviana —y encima la llamaba por su nombre.

—¿Puedo verlo?

—Claro, puedes entrar…

En ese instante Michele sintió más curiosidad que antes, ¿a quién iba a ver en un hospital? Se aproxima un poco más cuando nota que ellos ingresaron en el cuarto dejando la puerta abierta.

Al asomarse por la misma divisa a un pequeño niño tendido en una cama, estaba dormido, o eso creía. Pero este llevaba una serie de cables los cuales le proporcionaban oxígeno, el pelinegro se queda helado ante aquella visión.

—No está mejorando Daviana, necesita con urgencia esa operación. Ya no podemos retrasarla más y lo sabes.

—¡Ya lo sé!

—Entiendo que no estás en una buena situación, pero…—el doctor la mira de soslayo, percibiendo lágrimas en sus ojos —. Sabes que si pudiera ayudarte lo haría sin pensarlo, pero es una operación muy costosa.

Ella asiente mientras observa a aquel castaño dormir en esa cama de hospital. Baja la mirada intentando tranquilizarse, necesitaba encontrar una solución para ese problema, y debía ser cuanto antes.

—¿Cuánto tiempo puede seguir así?

—Una semana es mucho, Daviana, lo digo en serio no puedo posponer más la operación. He hecho mucho por las facturas mensuales, pero la operación es otra cosa.

La castaña mira al médico a su lado, era cierto, si no hubiera sido por él no sabía que hubiese pasado con ella y Arthur.

—Voy a resolverlo.

—Ya no puedes seguir aquí, te daré unos minutos para que te despidas, ¿de acuerdo?

—Muchas gracias, doctor.

Él palma su hombro para luego dejarla sola, Michele se aleja de la puerta al mismo tiempo que el doctor sale de la habitación, este pasa frente él justo cuando Michele lo observa con expresión poco amistosa.

Luego decide entrar en la habitación quedándose bajo el marco de la misma para no perder de vista a Daviana.

—Voy a buscar la manera de sacarte de aquí, te lo prometo.

Él la oye hablar y decide dar por hecho que ese niño a quien le calculaba unos tres años era su hijo. Y si tenía un bebé, significaba que existía un padre de por medio. El que tuviera un niño no afectaba en nada, pero con un marido sí.

La pilla dejar un beso en la frente del pequeño que se parecía bastante a ella, aunque se le notaba que estaba algo bajo en peso. Y no era para menos, se encontraban en el hospital la atención era muy diferente a una clínica privada.

Cuando la castaña se da la vuelta y lo ve parado bajo el marco de la puerta da un respingo que la hace palidecer en el acto.

Daviana ensancha la mirada al ver a su jefe parado en la puerta del cuarto de Arthur, la joven no daba crédito a lo que estaba viendo. No era posible que fuese él quien estuviera allí parado.

—¿Qué hace aquí?

—Te he seguido —responde tan tranquilo mientras mete las manos en sus bolsillos.

—¿Por qué lo ha hecho? —su corazón palpitaba más rápido de lo usual.

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