Por otro lado, era un hombre bastante cauteloso con eso de querer confirmar que no existía un hombre en su vida. Era evidente que no deseaba que le viera la cara de idiota, lo que él ni sospechaba era que él había sido el único hombre que la ha tocado de la manera tan íntima que lo hizo.
—Tu silencio me dice que no deseas aceptar —Daviana observa a su jefe fijamente, ¿Cómo le hacia una propuesta como esa a mitad de un estacionamiento?
—Si sabe que es una propuesta bastante desalmada —Michele permanece callado.
—¿La aceptaras o no? —insiste seriamente. Daviana siente mucha presión, y eso la estaba abrumando.
No obstante, ¿Dónde más iba a recibir una oferta como esa? Era claro que en la empresa no daban adelantos ni mucho menos préstamos, y para lo que seguramente necesitaba era imposible que lo encontrara de la noche a la mañana.
Arthur podía morir en cualquier momento, y la deuda en el hospital crecía cada día. No lo olvidaba, le debía al hospital y al doctor; era demasiada carga para una joven de apenas 23 años.
Por otra parte, si aceptaba, era como si estuviera vendiendo su cuerpo por dinero para salvar la vida de su hermano… y lo cierto era que, ese pequeño se lo merecía, no importaba lo que sucederá con ella.
—Está bien, acepto tener sexo con sexuado con usted señor Gershon…
La mirada de Michele se transformó bajo aquella noche helada, sus ojos brillaron con gran intensidad.
—En ese caso, es un trato —le tiende la mano y ella la observa. Traga saliva en seco y también le tiende la mano.
—¡Si!
Pero justo en ese momento que ella estrecha su mano, él la acerca a su cuerpo de un jalón para luego envolver su cintura con los brazos. Cuando la tiene muy cerca junta sus labios con los de Daviana propinándole un beso intenso.
La castaña se sobresalta al recibir aquel beso en medio de la calle, ensancha la mirada, pero luego al sentir como su jefe introduce la lengua en el interior de su boca cierra los ojos. Una parte del trato no era tan malo si lo miraba bien, ya que ella sentía una especie de atracción por ese hombre.
Quizás todo era físico, y como nunca había sido tocada por un hombre y al ser tentada por ese con tanta experiencia, y encima la mantenía descolocada cada vez que la besaba o la estrechaba contra su cuerpo.
Era posible que su experiencia sexual con Michele no fuese del todo mala, lo único negativo de aquello era se estaba vendiendo por ayudar a su hermano.
—Ahora sí, podemos ir a cancelar lo que necesite tu hermano —él CEO hace gesto hacia la entrada del hospital, y ella al ver aquella entra alumbrada supo que no había vuelta atrás.
[…].
Luego de una larga hora de espera, Michele cancelo la enorme deuda que ella sostenía con el hospital, desde luego que la castaña obvia la parte de contarle que le debía al doctor que atendía a su hermano.
Creía que no era necesario que él lo supiera, con que cancelara la deuda del hospital y el traslado a la nueva clínica era suficiente. Con su trabajo esperaba poder pagarle al médico.
—Sí que tenías una deuda muy grande aquí —Le dice Michele guardando su chequera en su saco —. Ahora tu hermano será trasladado a otro lugar, he pedido el servicio de una ambulancia con los equipos necesarios para llevarlo sin problema.
—Está bien, gracias…
—Tengo que hacer una llamada, regreso en un momento.
Ella pilla a su jefe alejarse y por más aliviada que se sintiera, no dejaba de sentirse perturbada por lo que tenía que hacer con ese hombre tan grande. Muerde sus labios al ver su espalda ancha y aquel cuerpo tan musculoso.
Niega, solo eran los nervios que la tenía pensando pendejadas.
Voltea la vista y es cuando visualiza al doctor de su hermano acercarse a ella con una sonrisa amable en sus labios.
—¡Daviana! Me he enterado que trasladaran a Arthur a una clínica para su operación.
—Sí, muy pronto saldrá de todo esto.
—Estoy muy contento porque hayas logrado conseguir la manera de operarlo, estoy seguro que muy pronto estará corriendo por toda la casa.
—Muchas gracias, y con respecto a la deuda que tengo con usted. Seguiremos haciendo como vamos, no pude conseguir para pagarle lo que le debo.
—No te preocupes, yo te entiendo.
El doctor posiciona una mano sobre su hombro y le sonríe con dulzura. Era un alivio contar con un doctor tan amable como ese.
—¿Interrumpo algo? —pero la fuerte voz de Michele la tenso en el acto recordando todo lo que había tratado con él.
—No, solo conversaba con el doctor de mi hermano.
Daviana percibe la mirada de Michele sobre el doctor y la joven se imagina cualquier tipo de discusión.
—Creo que debemos esperar afuera —dice ella para alejar a esos dos.
—Sí, opino lo mismo —responde a regadientes.
La castaña se despide del doctor sin darle tantas explicaciones de quien era el recién aparecido y sale junto con su jefe al exterior del hospital.
—¿Se te ha olvidado lo que te he dicho? —Michele sujeta a Daviana por el codo mientras la miraba cabreado —. Te dejo sola unos minutos y ya andabas hablando con ese doctor.
Al llegar al cuarto piso, ambos ingresan al interior de un apartamento bastante pequeño. La sala y la cocina estaban unidos, solo consiguió ver una puerta que asumió que era la habitación.
—Bueno, ya comprobó que nadie me espera en casa —Daviana se queda en medio de la entrada y él lo que hace es enfocar sus ojos luego de inspeccionar aquel diminuto apartamento.
Michele camina hacia ella con pasos firmes y mirada penetrante y en un ágil movimiento envuelve la cintura de la castaña. Tomarla de esa manera la coge por sorpresa, pudo notarlo por la forma en que lo miró.
—No quiero que vuelvas a tener contacto con ese doctor, ¿te queda claro? —su advertencia le acelero los latidos de su corazón —. No creo que sea conveniente que te recuerde a cada momento nuestro acuerdo.
Ella aplana los labios, ese acuerdo no lo olvidaría… la verdad es que lo tenía muy presente; la fortuna que se gastó ese hombre en sus necesidades fueron muchos excesivas.
—Sí, está bien…—sin embargo, no podía olvidar que tenía una deuda con ese doctor.
El CEO baja la mirada hacia sus labios y luego observa sus ojos, segundos después de eso sujeta a Daviana por la curva de sus nalgas para elevarla del suelo y encaminarse hasta la única puerta que vio.
Al abrirla, ambos ingresan en un diminuto cuarto con una cama bastante pequeña, hasta pensó que era muy pequeña para ella misma… sin embargo, Michele se tumbó con la castaña en esa cama metiéndose entre sus muslos.
Los nervios estaban matando a Daviana, era obvio que él pensara follar con ella esa misma noche. Después de la fortuna que gasto, quien no quisiera ir cobrándose esa deuda. Ella muerde un poco sus labios al ver las facciones de su jefe tan regias y aquellos labios tan viriles y seductores.
Sin poder evitarlo entre abre sus propios labios al sentir el tibio aliento mentolado de Michele posarse sobre su mentón. Aquel contacto la hizo cerrar los ojos, la boca de su jefe era tan atractiva y cuando la rozaba todo su cuerpo vibraba.
Ella siente como él desliza su lengua en compañía de su boca contra por la piel de su cuello, la sensación era tan calidad que la humedad de su coño acrecentaba con cada roce. Arquea su cuerpo al sentir las manos de él posarse en sus costados al mismo tiempo que besa su garganta y un poco más abajo.
—Señor Gershon…
—Fuera de mi empresa y dentro de mi oficina me llamaras Michele.
Lo oye balbucear entre tanto baja hasta el valle de sus tetas, Daviana aprieta un poco las piernas para intentar reprimir ese cosquilleo en su coño que la estaba atormentando. Pero su jefe se lo impide y deja reposar todo su cuerpo sobre el de ella.
Besa sus tetas por encima de la ropa mordiéndolas suavemente, sus manos jugaban un papel importante contra sus muslos, los acariciaba delicadamente por debajo de la tela de la falta que le producía escalofrió.
Cuando llega a la zona de sus pantaletas, rápidamente sube hasta sus labios para besarla entre tanto conduce una de sus manos hasta el centro de su coño el cual frota por debajo de la tela de la ropa interior.
—¡Ahhhh! —Arquea el cuerpo mientras que sus piernas tiemblan ante el roce —. Espere por favor…—suplica mordiendo sus labios.
Michele observa el rostro de Daviana, y aunque le estuviera solicitando que se detuviera, su expresión decía otra cosa muy diferente. Y lo confirma puesto que al meter uno de sus dedos entre los pliegues de su coño la encontró realmente jugosa.
Estaba tan mojada que creyó que no haría falta nada más para empezar a cobrarse ese trato tan placentero que hizo con ella…

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