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El arte del clímax romance Capítulo 12

El CEO abre un poco sus muslos para poder meterse entre ellos hasta alcanzar la zona V de su coño. Hace a un lado sus pantaletas y lo primero que hace es entreabrir los labios vaginales con sus dedos para luego posar su lengua sobre ellos.

—¡Ah! —Daviana jadea dando un respingo al mismo tiempo que sus muslos tiemblan.

Automáticamente arquea el cuerpo para él ocasionando un arco bajo su espalda baja, Michele lo aprovecha para sujetarla de esa parte de su cuerpo al mismo tiempo que empieza a lamer su coño con suavidad.

Daviana estaba muy caliente y bastante húmeda entre sus piernas, él se aprovechó de su grado de excitación para vigorizar los besos que le propinaba a su vagina. Empieza a devorarse su coño con fuerza utilizando la lengua y labios en el proceso.

—Por favor, señor Gershon… por favor…

La castaña suplica arqueando un poco más el cuerpo y separando más las piernas, se aferra a los barandales de la cama e inclina un poco la cabeza haca atrás. Empieza a gemir sin detenerse, su pecho subía y bajaba a raíz de que su jefe le chupaba el coño con ese vigor que la enloquecía.

Muerde sus labios cuando aquel cosquilleo en el interior de su cuerpo la ataca repentinamente sabiendo lo que se aproximaba después de eso. Daviana cierra los ojos con fuerza permitiéndole a su cuerpo relajarse justo cuando detona aquella explosión en su sexo.

—¡Ahhhhhh! —jadea con fuerza al sentir que su alma abandona su cuerpo abruptamente y abre los ojos de par en par en lo que se descarga en la boca de su jefe.

La sensación de placer y satisfacción sin duda alguna era increíble, mantener ese tipo de relaciones era maravillo. Y no sabía si era porque Michele era un hombre experimentado que ella lo disfrutaba tanto, o porque era su primera experiencia sexual.

No obstante ese placer que le estaba propinando era extraordinario…

Respira agitadamente, aun con las piernas abiertas y ese hombre metido entre ellas succionando todo el interior de su coño. Hasta que llego a un punto en donde la castaña comenzó a sentir cierto cosquilleo que la hace querer reír bajo.

Michele se separó de su coño limpiando con el pulgar la comisura de su labio para luego llevárselo a la lengua y saborearlo al mismo tiempo que observa a Daviana firmemente. Ella había bajado la mirada percibiendo un destello inquietante en esos ojos grises.

El CEO gatea hacia ella sobre su cuerpo hasta llegar a la altura de sus labios.

—¿Te ha gustado? —murmura contra sus labios abiertos.

Pero Daviana no responde, no podía hacerlo teniéndolo tan cerca le era imposible articular alguna palabra. Únicamente se limita ver esos increíbles y lujuriosos ojos verdes que cada vez la hacía perder la razón.

—No hace falta que respondas —sonríe contra sus labios.

—Yo…

—Será mejor que empaques tus cosas, nos marchamos esta misma noche.

—¿irnos? —Daviana frunce el ceño.

—¿Qué pensabas? ¿Qué ibas a pasar la noche aquí? Ya hemos hecho un trato, ahora debes cumplir tu parte.

Michele se quita de encima de ella para ponerse en pie, ajusta su traje mientras no le quita la mirada de encima.

—Se hace tarde, Daviana —insiste volviendo a ponerse todo serio.

La castaña se sienta en la cama arreglando su ropa, se queda un momento así repasando las condiciones impuestas por su jefe; y por un momento olvido que ella acepto quedarse en su casa para que pudieran tener sexo.

Suelta el aliento.

—Te espero afuera, no te demores…

Ella lo ve salir de su diminuto cuarto, pero dejando su fragancia en el mismo. Daviana niega y se dispone a recoger sus cosas.

Algunos minutos después ambos abandonan la residencia de Daviana y conducen hasta la casa de Michele. La joven iba en completo durante la conducción, pero pensando en lo que le esperaba en los próximos días.

Lo que la lleva a pensar en algo importante, ¿Cuánto tiempo iba a durar ese trato con su jefe?, lo mira de soslayo manejar con la vista fijamente al frente, sus ojos brillaban con intensidad y ese mentón firme la hace morder sus propios labios.

En ese instante se pregunta en qué momento se vio metida en ese paquete, ¿Cómo es que llego a estar dentro del coche de su jefe yendo hasta su casa para ir a follar? No tenía ni una semana de conocerlo y ya habían hecho cosas que jamás se le ocurrió que le haría.

—¿Me quieres preguntar algo? —su pregunta la saco de su estupefacción.

—No —vuelve la vista al frente.

—No me estas mirando por un nada.

—¿Cuánto tiempo durara este convenio que hemos hecho?

La pregunta provoco que frunciera el ceño y apretara el control del volante. La verdad es que Michele no tenía una respuesta para esa pregunta ya que él no estaba seguro de cuánto tiempo podría seguir obsesionado con ella.

—No lo sé…—ella lo ve con mirada de asombro.

—¿Qué clase de respuesta es esa?

—No hay apuro con tener una respuesta, ¿o sí?, hasta los momentos no he notado que te moleste lo que te he hecho —Daviana abre la boca por mera incredulidad.

Vuelve la vista al frente mientras niega…

Media hora después el coche de Michele ingresa en el estacionamiento de una enorme casa… una vez en el aparcamiento su jefe se baja del auto y se le queda mirando seriamente.

—¿No piensas bajarte?

—Sí, sí, claro…

Su jefe le abre la puerta de su mansión y queda totalmente impresionada por la magnitud de aquel lugar.

—Ven… —Michele sube los escalones con la maleta de Daviana en las manos—. Te mostrare donde vas a dormir.

Ella ve como que él se detiene ante una habitación e ingresa en el cuarto, Daviana suelta la respiración contenida, muerde sus labios y avanza detrás de él.

—Aquí es…

Daviana se queda parada viendo aquella enorme cama, parecía tan cómoda, no como la suya que era muy pequeña. Niega mentalmente, luego echa el vistazo hacia su derecha y frunce el ceño al visualizar a su jefe quitarse la ropa.

La joven abre los labios cuando él se quita el saco seguidamente de la corbata; segundos después los zapatos siguieron y fue en ese ínstate que nota que empezaba a aflojar los botones de su camisa.

Capítulo 12 Me quiero duchar 1

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