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El arte del clímax romance Capítulo 16

Michele conduce el coche hasta casa, creyó que Daviana pudo irse directo para evitar que los vieran salir juntos de la empresa; pero para su sorpresa Daviana no estaba en la residencia esperándolo.

El CEO frunce el ceño puesto que no tiene idea de donde pueda estar metida a esas horas de la noche, cuando de la nada recuerda al pequeño.

—Mierda, ¡claro!, su hermano…

Abandona la casa para abordar el coche una vez más y dirigirse hasta la clínica, si la encontraba allá iban a tener serios problemas.

[…]

Daviana observa como Arthur se queda dormido mientras que acaricia su mejilla, el doctor le había dado una buena noticia al informarle que pasaría a cirugía muy pronto que ya todo estaba listo para él. Muy pronto saldrá de todo eso para llevar una vida normal.

Y todo gracias a su jefe, y bueno, al sacrificio que tendría que hacer… era un trato que tenía con Michele y lo cumpliría, si era por la salud de su hermano no dudaría en entregarle su cuerpo a su jefe.

—¿Todo bien? —Daviana pega un respingo al escuchar aquella voz que conocía, gira el rostro para ver al doctor que atendía a su hermano en el hospital.

—¡Doctor! ¿Qué está haciendo aquí?

—Resulta que también trabajo en esta clínica, no sabía que iban a trasladar a Arthur a este lugar —sonríe acercándose a la cama —. Pero me parece que fue una buena decisión, ahora tendrá mejores atenciones.

—Sí, eso creo.

—He tomado su caso, yo lo voy a operar en cuanto salga la orden. Espero que no te moleste, llevo muchos años tratando su caso, me pareció conveniente.

—Claro, está bien, sé que está en buenas manos.

Ambos se miran fijamente, y es cuando Daviana recuerda algo crucial. Si Michele se enteraba de aquello no lo iba a tomar muy bien, la presencia del doctor no le gustaba. Por otro lado era la salud de su hermano, ella solo necesitaba que Arthur se pusiera bien.

Baja la mirada hacia su hermano y suelta el aliento cuando se percata de que el pequeño se queda completamente dormido, luego observa la hora en su reloj fijándose que era muy tarde ya.

Daviana besa la frente de Arthur y luego se pone en pie, se despide con una mirada hacia el niño y luego ve al doctor ante ella quien no le quita los ojos de encima.

—Ya me tengo que ir, es muy tarde.

—Entiendo, te llevará a casa, pero tengo guardia.

—No tiene por qué molestarse tanto, doctor —ella percibe que él estaba a punto de decir algo, pero la castaña no estaba dispuesta a oírlo.

Así que se dirige a la puerta un poco tensa y justamente por la misma ingresa su jefe fijando sus ojos en el doctor y no en ella. Su corazón se paraliza en ese momento puesto que el encuentro no es para nada bueno.

—¡Señor Gershon! —se detiene abruptamente.

—Buenas noches—su voz sonaba bastante molesta.

—Buenas noches, yo soy el doctor de Arthur llevare su caso, me llamo Gael —el médico le tiende la mano y Michele se la acepto.

—Michele Gershon…

La castaña ve la unión de aquellas manos y se siente desfallecer. Traga saliva puesto que presiente que el aura de su jefe era peligrosa.

—Yo ya me iba —dice cuando ambos hombres se separan.

—Entonces, vamos… —su jefe le señala la puerta a lo que ella asiente.

Michele le echa un vistazo al chico quien dormía profundamente, no parecía con un mal semblante, de hecho se veía algo mejor de cuando lo vio en aquel hospital. Imaginaba que las cosas estaban marchando bien con el muchacho.

Pero en ese momento tenía otro asunto que solucionar y era con esa mujer que iba caminando delante de él… una vez encerrados dentro del coche el CEO mira al frente y sin encender el coche guarda silencio.

—¿Por qué no avanzamos?

—¿Se puede saber qué demonios estaba haciendo ese doctor en la habitación de tu hermano? ¿O mejor dicho en esta clínica? —Daviana se tensa.

—Me he dicho que también cubre guardias aquí —responde manteniendo la vista al frente.

—¡¿No me digas?! Y casualmente tomara el caso de tu hermano —el CEO voltea para verla.

Daviana muerde sus labios, no tenía una contesta para eso, ¿Qué culpa tenia de que el doctor trabajase en la misma clínica? Guarda silencio y se limita a mirarlo.

Es que el simple hecho de que no lo mirara lo enfurecía, lo primero que le dijo era que se mantuviera alejada de ese doctor, y ahora resulta que ese idiota llevaba el caso del niño en la clínica.

Era una maldita pesadilla.

[…]

Al llegar a casa ambos lo hicieron en silencio, Michele siguió hasta su despacho y ella subió hasta la habitación.

Mientras dejaba que el agua recorriera las curvas de su cuerpo, Daviana pensó que su jefe estaba muy molesto por una cosa tan absurda. Luego pensó si lo que le estaba sucediendo era que estaba celoso del doctor.

—¿Celoso? Es imposible, para que un hombre este celoso se necesita sentimientos de por medio, y dudo mucho que él sienta algo por mí. Lo único que desea es sexo —musita.

Mueve su dedo circularmente consiguiendo de ella un arqueo perfecto de su cuerpo, ver sus curvas desde ese punto era increíble, podía beber el agua que corría por su piel y extasiarse de ella.

—Michele… Michele…

Gemía su nombre con voz ronca y pastosa… el CEO libera su coño de su mano, pero la reemplaza por su lengua, Michele saborea la vagina de Daviana sorbiendo profundamente su interior.

Ella opto por bajar las manos y posarla sobre su cabello, y con aquello le decía que no deseaba que se despegara de su coño. Lo empujaba hacia su centro hasta el punto que elevo una de sus piernas para subirla sobre su hombro.

Aquel movimiento le dio la confianza al pelinegro para chupar con más fuerza, y en cuanto lo hace Daviana suelta un ronco gemido que tensa todo su cuerpo.

Segundos más tarde la lengua del CEO se llena por completo de los fluidos de ella mezclados con el dulzor del agua. Daviana era todo un manjar, y sospechaba que ni ella misma lo sabía; cuando termina por absorber todo de ella se incorpora y toma posesión de sus labios por un momento.

Luego se aleja un poco de ellos al mismo tiempo que frota su cuerpo desnudo contra el de Daviana. La castaña abre los ojos y él los encuentra tan dulces, ingenuos y tan excitados.

—Ya creo que debes salirte del agua, cogerás un resfrió.

—Terminemos, por favor…

Su petición lo petrifico, sin embargo lo disimulo bastante bien o eso creyó. Acuna las mejillas de ella para luego ver sus labios levemente hinchados. Era una tentación no besarlo, un pecado que los dejara así o que la dejara así.

Era un hombre con sangre en las venas…

Se aproxima a la boca de Daviana para besarla a lo que ella envuelve su cuello con sus brazos, Michele sujeta el muslo de la castaña elevándolo hasta la altura de su cintura. El beso se hizo intenso bajo aquella cascada de agua, el vapor del cuarto cada vez era más espeso y el nivel de calentura de ambos rebasaba los niveles normales.

Ya no había vuelta atrás pensó… no con esa enorme erección que tenía justo en ese momento.

El CEO sujeta su polla por la base para ejercer presión contra la entrada del coño de Daviana, y no más ante aquel contacto lo hizo vacilar. Estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para irse con cuidado con ella.

Entre tanto ella mordía sus labios, él se aventuró para ir penetrando su coño de la manera más lenta posible. Y la razón era que deseaba disfrutar ese momento, era la primera vez que follaba con ella, ¿Por qué no disfrutarlo?

Introduce su lengua hasta el fondo de la boca de Daviana al igual que lo hacía con su pene, pero este iba despacio, entraba y sale de su coño. Estaba tan húmeda y caliente por dentro que se le hacía agua la boca al CEO.

—¡Oh, Daviana! —gime contra su boca.

—Continua por favor, no te detengas Michele, por favor…—suplica sinceramente, pero con voz quejosa.

Sin embargo, sus palabras fueron obedecidas, eso era todo lo que él necesitaba que ella se entregara por su voluntad, hubiera odiado que lo hiciera por la obligación de ese maldito contrato.

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