Michele adentra un poco más su polla en el interior de Daviana sintiendo muy apretado la cavidad del coño de ella. Eso lo lleva a fruncir el ceño y preguntarse porque la sentía tan estrecha, y no tardó mucho en obtener una respuesta.
Con un poco más de empuje hacia dentro de su cuerpo la polla del CEO se topa con una barrera que no debería de estar allí, y de manera automática se detiene para luego verla a los ojos.
Aquellas mejillas sonrojadas y esa expresión de dolor en su rostro le confirmaban que Daviana era virgen. Es que tampoco podían existir dudas, esa barrera era inigualable.
—Daviana, ¡eres virgen! —ella abre los de par en par para mirar los ojos de Michele —. ¿Porque no me has dicho que no nunca habías tenido sexo con nadie?
—Si se lo hubiera dicho aquel día, quizás se hubiese retractado de su trato.
Él observa su mirada tan inocente, ahora entendía porque ella le huía, porque lo rechazaba y porque siempre le supo a tanta inocencia desde el primer momento que la probó. Eso explicaba absolutamente todo.
Sin embargo, desvirgar a esa chica no estaba en sus planes. No contaba con que se mantuviera virgen a su edad, es que, era insólito toparse con una mujer que se conservara pura en esos tiempos.
—¿No le interesa estar conmigo al descubrir que sea virgen? —la pregunta lo trajo a la realidad.
Por otro lado, hizo un trato con ella, y ya estaban a mitad de camino. Encima de eso, no pretendía que otro sujeto le quitara la virginidad a Daviana, en esos momentos él se sentía absolutamente dueño de toda ella, incluyendo esa barrera que se interponía con su placer.
El CEO afina la mirada y sin articular palabra, besa los labios de Daviana apasionadamente. Sujeta sus caderas al mismo tiempo que continua adentrándose en su cuerpo. Podía sentir lo tensa que ella estaba debido a que le encajaba sus uñas con fuerza en la espalda.
—Relájate… —susurra contra su boca.
Ella únicamente asiente, Michele vuelve a posar sus labios sobre los de ella para estimular a Daviana a disfrutar del acto. Era su primera vez, así que deseaba que lo disfrutase y se olvidara del dolor que le causaba perder la virginidad.
El CEO llega a la parte donde debe practicar más presión hasta que consigue romper aquella barrera que la mantenía inocente.
—¡Ahh! No, no, me duele…
—Tranquila…—masculla dejando su polla dentro de su cuerpo para que pudiera adaptarse mejor.
—Por favor, me duele… —insiste con la súplica.
Era como estar con una niña, mierda, eso lo estaba enloqueciendo. Toda esa inocencia le jodía los pensamientos. Estar con ella era jodidamente desconcertante. La atracción que ambos tenían era muy fuerte, de eso no existía dudas.
Michele observa los cristalinos ojos grises de Daviana entre tanto se mantenía dentro de su interior, ella mostraba una expresión algo dolorosa, sin embargo no lo apartaba. Así que se arriesgó a mover su pelvis contra la de Daviana para ver que tanto se había adaptado a él.
—Daviana…—musita suavemente.
—Estoy bien —responde con un gemido mientras asentía varias veces.
El pelinegro traga saliva sosteniendo el cuerpo de esa castaña para poder follar como se debe, entre tanto ella se aferra a su cuello al sentir que empieza a mover su polla en círculos dentro de su coño.
—¡Ah! Michele…
—Sí, Daviana…
La joven esconde el rostro en el hueco del cuello y la clavícula de Michele cuando una poderosa e imparable sensación comenzó a acumularse en su coño. Cierra los ojos puesto que le es difícil controlar lo que estaba sintiendo.
Clava las uñas en la piel de Michele deleitándose de lo muy rico que él se la estaba follando. Nunca imagino que coger con un hombre maduro y por el que sintiera tanta atracción fuese tan jodidamente sabroso.
Su boca estaba hecha agua, la verdad es que comenzó a babear y no de manera literal. Para ser su primera experiencia sexual, podría decir que era la mejor de su vida. Estar con Michele le dejaría una grata experiencia en el sexo que creía que no olvidaría jamás.
Estaba segura de que ese hombre la marcaria de por vida…
Daviana se aleja un poco de su persona y termina por sujetarlo del cuello, observa su mirada afinada y aquellos ojos verdes muy penetrantes puesto en ella que la hace ver maravillas. Su cuerpo cambio sintiéndolo más libre y ligero.
Era como si estuviera flotando, Michele besa sus labios al mismo tiempo que ella cierra los ojos y se deja llevar. Lo oye gemir muy bajo, pero le complació oírlo. Saber que ese gemido le pertenecía a ella la hacía sentir grande y poderosa, aunque solo fuese por el tiempo que durase el convenio.
El coño de Daviana albergaba un hormigueo indescriptible que la estaba llevando a la locura, se deja llevar por las emociones del momento e intentaba al menos disfrutar el sexo con su jefe y se olvidaría ese maldito trato al menos por las noches que compartiera con Michele.
—Daviana… —escucha su nombre entre gemidos.
Y la mención de su nombre fue como un detonante para ella, su coño hizo explosión, todo su cuerpo se fragmentó en miles de pedazos y por un instante su mente se puso en blanco. Pero la ronca voz de su jefe la trajo de vuelta a la realidad llevándola a abrir los ojos.
Ella enfoca ese par de ojos verdes mirarla fijamente mientras seguía entrando y saliendo de su cuerpo sin parar, la expresión de su jefe era tan varonil, sus rasgos tan masculinos eran tan atrayentes y seductores que la envolvía por completo.
Sentía como si él fuese un magneto y ella una simple pieza de metal. Era estúpido sentirse tan atraída por un hombre que no llevabas mucho de conocer, y lo más insólito era que le entregara su virginidad, pero Michele era…
En ese momento de ensoñación, ella siente como él aprieta la curva de su culo y cierra los ojos a la vez que frunce el ceño. Las nalgas de Daviana son abiertas un poco más causándole un poco de dolor, sin embargo no dice nada puesto que deseaba ver como aquel hombre acababa.
Era su primera experiencia con él, porque negarse el privilegio de ver como él se corre. No imagino que su mente llegase a ser tan depravada, pero estar con Michele le hacía tener pensamientos sucios y no le molestaba.


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