La pregunta que se hace a si mismo lo desconcierta un poco, pero bate esos pensamientos de su cabeza puesto que no era normal en él pensar en una mujer de esa manera. Desde el fracaso de su matrimonio jamás deseo volver a intentarlo con otra mujer.
No estaba dispuesto a involucrarse con nadie de manera seria, sin embargo tener y estar con Daviana en casa lo hacía pensar de vez en cuando diferente; y lo turbaba mucho sentirse de esa manera para con ella.
De pronto, vuelve a fijar sus ojos en ella percatándose de que se había quedado dormida aun con la lágrima deslizada por su mejilla. El CEO se atreve a limpiarla temiendo despertarla, pero ella no lo hace.
Michele se queda pensando en lo que estaba sintiendo por esa chica, y se pregunta, ¿realmente le preocupaban sus problemas? Hacía mucho que no se preocupaba por nadie más que no fuese él mismo.
[…]
Después de tomar una taza llena de café, Daviana escucha algunos pasos detrás de ella reparando en la presencia de su jefe.
—Buenos días —él ya estaba perfectamente vestido para el trabajo y tan fresco como una lechuga, mientras que ella sentía un escozor horrible en la parte de su coño.
—¿Has dormido bien? —debía mentir.
—Sí, estoy bien…
—En ese caso, ya debemos irnos.
—¿No vas a desayunar? —pregunta curiosa, a lo que él eleva una de sus cejas.
—¿Me darás algún desayuno especial esta mañana?
Daviana se fija que Michele empieza a dar unos pasos hacia ella de manera tentadora lo que la lleva a ella a retroceder.
—Tomare el desayuno si me parece apetitoso.
—No he cocinado nada especial esta mañana —responde intentando actuar normal.
—Eso no me apetece, ¿Qué te parece si nos saltamos al postre?
Él continua caminando hacia ella de forma amenazante y seductora, sus ojos demostraba que lo que buscaba era algo más que un simple desayuno. Ella no era tonta.
—¿El postre? —responde con pavor.
Pero él solo asiente hasta que la acorrala contra la encimera de la cocina, rápidamente la sujeta de la cintura para sentarla sobre el mesón abrir sus muslos y filtrarse entre ellos. Encierra su cintura con sus brazos y estrecha su cuerpo contra él suyo.
—Un postre como tu si se me apetece —musita sonriente contra sus labios.
—Pero… nosotros debemos ir… ir al trabajo —tartamudea las palabras a duras penas.
—Tenemos mucho tiempo todavía —pero ella dudaba que aquello fuese verdadero.
Segundos después el CEO besa sus labios con la lujuria reflejada en la mirada, era increíble que a esas horas de la mañana ese hombre estuviera tan excitado y con ganas de coger. No obstante, ella no se quedaba atrás, a pesar de sentir ardor en su coño deseaba que ese hombre se la follara en la cocina.
Daviana rodea el cuello de su jefe con ambos brazos al mismo tiempo que él ciñe con más fuerza su cintura, prontamente ella siente como Michele empieza a deslizar lentamente su falda por sus muslos hasta alcanzar a la altura de sus caderas.
Al estar libre de la prenda, el CEO emprende la tarea de deslizar sus dedos por el borde de la liga de sus bragas pudiendo sentir la suavidad de la piel de su coño.
—¡Ahhhh! Daviana, joder, que rico tienes el coño… quiero probarlo de nuevo —gime contra sus labios abiertos —. Me lo quiero comer todo —añade convencido.
Ella solo consigue asentir ante la violencia de sus palabras, muerde sus labios justo cuando él vuelve a besarla al mismo tiempo que hace a un lado sus bragas. Seguidamente conduce su dedo medio dentro del coño de ella para penetrarla lentamente.
—¡Ohhhh! Mierda, que húmeda estas Daviana.
—¡Ahhhh! Michele, por favor... —la castaña muerde sus labios al sentir la invasión en su interior.
Daviana se aferra a sus hombros y le permite a su jefe besarla con fuerza al mismo tiempo que la penetra.
—Quiero cogerte aquí mismo.
—Michele… —gime con los ojos cerrados, estaba tan sumergida en las sensaciones que él le estaba propinando.
De pronto escucha la hebilla del cinturón del pantalón de su jefe y su corazón se aceleró de inmediato. Pero entonces, otro ruido surge que los pone en alerta a ambos. Michele gira el rostro hacia atrás y frunce el ceño.
—¡Llego alguien! —proclama ella.
—Eso parece…—gruñe.
El CEO se separa de ella con un poco de pesar mientras que Daviana se baja de la encimera y acomoda su ropa, justo en ese instante la señora del servicio ingresa en la cocina pegando un respingo por encontrar a su jefe aun en la casa.
—Disculpen —se excusa al verlos a ambos en ese lugar.
—Daviana, es hora de irnos—demanda caminando todo enfurecido hasta la salida.
La castaña suelta un suspiro puesto que sabe que ahora su jefe estaba cabreado. Ella le sonríe a la señora y sigue a su jefe hasta la salida.
[…]
Ese día en la oficina Daviana tuvo mucho trabajo, a duras penas logro comer algo para poder seguir adelantando trabajo. Mientras que estaba metida en su ordenador, su jefe sale de la oficina lo que la lleva a levantar la mirada.
—Debo salir —le dice cerrando la puerta de la oficina —. La reunión que tengo a las cuatro pásala para las cinco.
—Muy bien.
Sin embargo ella se quedó pensando qué demonios iba a hacer, ya que en su agenda no tenía ninguna reunión pautada. No obstante, no era problema de ella a donde él fuera o con quien saliera. Ellos dos no tenían absolutamente ningún tipo de relación como para que lo interrogara.
—Vuelvo más tarde…
Y con esas palabras su jefe se marchó dejándola con muchas preguntas en la cabeza, retoma su trabajo, pero sigue pensando en esa misteriosa salida.
Daviana niega.


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