Entrar Via

El arte del clímax romance Capítulo 18

La pregunta que se hace a si mismo lo desconcierta un poco, pero bate esos pensamientos de su cabeza puesto que no era normal en él pensar en una mujer de esa manera. Desde el fracaso de su matrimonio jamás deseo volver a intentarlo con otra mujer.

No estaba dispuesto a involucrarse con nadie de manera seria, sin embargo tener y estar con Daviana en casa lo hacía pensar de vez en cuando diferente; y lo turbaba mucho sentirse de esa manera para con ella.

De pronto, vuelve a fijar sus ojos en ella percatándose de que se había quedado dormida aun con la lágrima deslizada por su mejilla. El CEO se atreve a limpiarla temiendo despertarla, pero ella no lo hace.

Michele se queda pensando en lo que estaba sintiendo por esa chica, y se pregunta, ¿realmente le preocupaban sus problemas? Hacía mucho que no se preocupaba por nadie más que no fuese él mismo.

[…]

Después de tomar una taza llena de café, Daviana escucha algunos pasos detrás de ella reparando en la presencia de su jefe.

—Buenos días —él ya estaba perfectamente vestido para el trabajo y tan fresco como una lechuga, mientras que ella sentía un escozor horrible en la parte de su coño.

—¿Has dormido bien? —debía mentir.

—Sí, estoy bien…

—En ese caso, ya debemos irnos.

—¿No vas a desayunar? —pregunta curiosa, a lo que él eleva una de sus cejas.

—¿Me darás algún desayuno especial esta mañana?

Daviana se fija que Michele empieza a dar unos pasos hacia ella de manera tentadora lo que la lleva a ella a retroceder.

—Tomare el desayuno si me parece apetitoso.

—No he cocinado nada especial esta mañana —responde intentando actuar normal.

—Eso no me apetece, ¿Qué te parece si nos saltamos al postre?

Él continua caminando hacia ella de forma amenazante y seductora, sus ojos demostraba que lo que buscaba era algo más que un simple desayuno. Ella no era tonta.

—¿El postre? —responde con pavor.

Pero él solo asiente hasta que la acorrala contra la encimera de la cocina, rápidamente la sujeta de la cintura para sentarla sobre el mesón abrir sus muslos y filtrarse entre ellos. Encierra su cintura con sus brazos y estrecha su cuerpo contra él suyo.

—Un postre como tu si se me apetece —musita sonriente contra sus labios.

—Pero… nosotros debemos ir… ir al trabajo —tartamudea las palabras a duras penas.

—Tenemos mucho tiempo todavía —pero ella dudaba que aquello fuese verdadero.

Segundos después el CEO besa sus labios con la lujuria reflejada en la mirada, era increíble que a esas horas de la mañana ese hombre estuviera tan excitado y con ganas de coger. No obstante, ella no se quedaba atrás, a pesar de sentir ardor en su coño deseaba que ese hombre se la follara en la cocina.

Daviana rodea el cuello de su jefe con ambos brazos al mismo tiempo que él ciñe con más fuerza su cintura, prontamente ella siente como Michele empieza a deslizar lentamente su falda por sus muslos hasta alcanzar a la altura de sus caderas.

Al estar libre de la prenda, el CEO emprende la tarea de deslizar sus dedos por el borde de la liga de sus bragas pudiendo sentir la suavidad de la piel de su coño.

—¡Ahhhh! Daviana, joder, que rico tienes el coño… quiero probarlo de nuevo —gime contra sus labios abiertos —. Me lo quiero comer todo —añade convencido.

Ella solo consigue asentir ante la violencia de sus palabras, muerde sus labios justo cuando él vuelve a besarla al mismo tiempo que hace a un lado sus bragas. Seguidamente conduce su dedo medio dentro del coño de ella para penetrarla lentamente.

—¡Ohhhh! Mierda, que húmeda estas Daviana.

—¡Ahhhh! Michele, por favor... —la castaña muerde sus labios al sentir la invasión en su interior.

Daviana se aferra a sus hombros y le permite a su jefe besarla con fuerza al mismo tiempo que la penetra.

—Quiero cogerte aquí mismo.

—Michele… —gime con los ojos cerrados, estaba tan sumergida en las sensaciones que él le estaba propinando.

De pronto escucha la hebilla del cinturón del pantalón de su jefe y su corazón se aceleró de inmediato. Pero entonces, otro ruido surge que los pone en alerta a ambos. Michele gira el rostro hacia atrás y frunce el ceño.

—¡Llego alguien! —proclama ella.

—Eso parece…—gruñe.

El CEO se separa de ella con un poco de pesar mientras que Daviana se baja de la encimera y acomoda su ropa, justo en ese instante la señora del servicio ingresa en la cocina pegando un respingo por encontrar a su jefe aun en la casa.

—Disculpen —se excusa al verlos a ambos en ese lugar.

—Daviana, es hora de irnos—demanda caminando todo enfurecido hasta la salida.

La castaña suelta un suspiro puesto que sabe que ahora su jefe estaba cabreado. Ella le sonríe a la señora y sigue a su jefe hasta la salida.

[…]

Ese día en la oficina Daviana tuvo mucho trabajo, a duras penas logro comer algo para poder seguir adelantando trabajo. Mientras que estaba metida en su ordenador, su jefe sale de la oficina lo que la lleva a levantar la mirada.

—Debo salir —le dice cerrando la puerta de la oficina —. La reunión que tengo a las cuatro pásala para las cinco.

—Muy bien.

Sin embargo ella se quedó pensando qué demonios iba a hacer, ya que en su agenda no tenía ninguna reunión pautada. No obstante, no era problema de ella a donde él fuera o con quien saliera. Ellos dos no tenían absolutamente ningún tipo de relación como para que lo interrogara.

—Vuelvo más tarde…

Y con esas palabras su jefe se marchó dejándola con muchas preguntas en la cabeza, retoma su trabajo, pero sigue pensando en esa misteriosa salida.

Daviana niega.

Daviana lo intentó, cuando se percató de que Connor estaba muy cerca de su persona quiso salirse de la oficina, pero ese pelinegro la sujeto tan velozmente que no le dio oportunidad de escapar.

Termino por envolverla con sus brazos y mantenerla prisionera de los mismos. Daviana ensancha la mirada en cuando observa los ojos de Connor mirarla lascivamente.

—Debes saber que a mí nadie me rechaza.

El CEO ciñe su cintura con fuerza al punto de sentir que le corta la respiración y luego de eso, el pelinegro planta sus labios sobre los de ella con violencia, la sujeta de la nuca mientras que no despega sus labios de su boca.

Daviana se resiste intentando separarlo, la joven golpea los hombros de ese bruto que la tomó a la fuerza, pero no sirve de nada. Él era muy fuerte, seguidamente siente como Connor la arrastra hacia quien sabe a dónde, pero ella seguía rehusándose.

Cuando al fin la hace girar, tira su cuerpo sobre el sofá. Daviana cae en el mismo y ve su oportunidad de escape, al percatarse de que ese hombre se iba abalanzar sobre ella la castaña golpea sus pelotas con su zapato de tacón.

La castaña aprovecha el momento de dolor de Connor para ponerse en pie y correr a la salida, en lo que abre la puerta abruptamente se topa con la pelirroja que al verla ensancha la mirada.

Daviana y ella se miran unos segundos para que luego la joven pelirroja llevará la vista hacia donde estaba su jefe. Sin embargo no argumenta nada cuando pilla que el pelinegro sujetaba sus bolas con una expresión de horror en el rostro.

La secretaria de Connor se queda callada mientras que Daviana pasa a un lado de ella a paso veloz. Esta la mira de soslayo y luego regresa la vista hacia donde estaba su jefe, el pelinegro la miró por un momento y luego se dirigió hasta su silla.

—¿Qué es lo que quieres? —pregunta con voz pastosa, se notaba que estaba bastante adolorido.

—¿Por qué se ha ido así tan violentamente? ¿Qué ha pasado? —pregunta ingresando en la oficina.

—¿Y eso a ti que te importa? —la pelirroja noto como su jefe la miró con ojos de odio, era evidente que estaba cabreado.

En ese momento se preguntó si estaba realmente interesado en esa mujer, nunca escucho rumores de pasillos sobre ellos dos, pero, ¿y eso que?, era posible que fuesen muy discretos. Sin embargo, la expresión de Daviana le decía que no estaba contenta cuando se marchó.

—Vete… no te necesito.

Ella asiente sintiéndose celosa y cabreada, sospechaba que Connor sentía mucho intereses por esa idiota. Se da la vuelta y se marcha.

En lo que Connor pilla a la pelirroja marcharse, suspira y aprieta sus bolas.

—Maldita sea, esto sí que duele —se queja.

No espero de esa mujer una reacción como esa, la verdad es que lo tomó desprevenido ese ataque.

—Maldita perra, esta me las vas a pagar.

[…]

El corazón de Daviana latía a toda prisa. Se sentía asustada y temerosa de las consecuencias de lo que había hecho. Pero necesitaba defenderse de ese hombre, si no lo hubiera hecho quizás Connor hubiera podido violarla.

—Maldito bastardo, como se atreve a forzarme —musita limpiando sus labios con el dorso de la mano.

Aparte de estar muerta del miedo y asqueada, se sentía muy cabreada por la actitud de Connor. No comprendía que no deseaba tener sexo con él, frustrada se sienta en la silla para intentar trabajar, sin embargo sus manos temblaban aun por los nervios.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arte del clímax