Entrar Via

El arte del clímax romance Capítulo 19

Frota su rostro e intenta respirar.

Al menos contaba con que esa patada sirviera de algo y no la volviera a molestar con eso de echarla del trabajo.

Luego fija la vista al frente pensando que quizás lo que debería de hacer era confesarle todo a Michele, suspira, pero luego piensa que quizás él no le creyera absolutamente nada. La joven muerde sus labios por mera frustración.

—¿Qué es lo que te pasa, Daviana? —de pronto la fuerte voz de su jefe la saca de su estupefacción llevándola a dar un respingo.

Michele la observa fijamente dándose cuenta de que estaba un poco pálida y algo asustadiza.

—¿Qué ocurrió? —ella mira fijamente sus ojos verdes y mirada penetrante y se le traban las palabras, no podía confesar lo que estaba sucediendo con Connor. Tenía miedo.

—Nada, no ha pasado nada.

El CEO aprieta la mandíbula puesto que sospecha que ella le estaba mintiendo, sin embargo no podía obligarla a confesarle lo que estaba pasando. Pero conocía otras maneras de sacarle la información que ocultaba.

—Prepare la reunión que tengo pautada, estaré listo en cinco minutos.

—Sí, ahora mismo me pongo en ello.

[…]

La castaña mira la hora en su reloj dándose cuenta de que ya era muy tarde, y que Michele aún no salía de su reunión. Y como no pensaba interrumpirlo ella prefirió terminar con lo pendiente y salir de la oficina.

Pero al llegar a la salida, se queda pensando en que hacer. Mira la hora en su reloj nuevamente dándose cuenta de que podía ir a ver a su hermano un rato y termina tomando la decisión de ir a verlo.

Mientras que ella coge un taxi para ir a la clínica, Michele y Connor terminan la reunión que tenían con un importante proveedor. Pero al salir de su oficina el CEO mayor se da cuenta de que Daviana no estaba en su escritorio.

Frunce el ceño, más no dice nada.

—Bueno hemos terminado aquí, tengo cosas importantes que hacer padre —menciona Connor alejándose hasta el ascensor con un poco de prisa—. Parece que tu secretaria se ha ido antes —el joven medio le sonríe antes de que las puertas de metal se cerraran.

El pelinegro afina un poco la mirada debido a la actitud de Connor, y en medio de sus pensamientos no se percata de la presencia de la secretaria de su hijo, cuando repara en ella la nota sonriendo.

—¿Se le ofrece algo? —él le pregunta.

—La misma pregunta le iba a hacer yo.

—¿De qué habla? —ella camina hacia él de manera sensual y Michele lo percibe.

—Bueno, me preguntaba si usted necesitaba algún tipo de servicio laboral de mi parte. He notado que Daviana se ha ido, si se le ofrece algo yo puedo ayudarlo a conseguirlo.

Michele capta de inmediato las intenciones de esa mujer y lo que hace es introducir las manos en sus bolsillos.

—¿Cómo qué clase de servicio? Si no me equivoco, ya ha terminado la jornada laboral.

—Hay muchas clases de servicio señor Gershon…

Esa mujer le sonríe con malicia mientras acortaba el poco espacio que quedaba entre ellos, y al quedar a muy poca distancia de él Michele detalla su figura más no siente ningún tipo de sensación por ella.

—Yo puedo darle lo que su secretaria le propina a su hijo—aquellas palabras lo pasmaron tanto que se irgue—. Si ella puede complacer a mi jefe, yo creo que yo puedo complacer al suyo, ¿no le parece?

—¿Qué es lo que has dicho? —Michele observa a la pelirroja fijamente —. ¿Qué es lo que dijiste?

La pelirroja pestañea varias veces ante la pregunta algo peligrosa de ese hombre.

— Bueno, es que yo…

—¿Usted qué?, hable de una vez…

—He visto a Daviana en la oficina de su hijo… —él ensancha la mirada al escuchar esas palabras.

—¿Qué dice? —su voz sonó fuerte e imponente.

—Es que… yo iba a entrar y ellos… lo siento señor Gershon…

Michele aprieta la mandíbula al imaginarse algo que lo comenzó a cabrear.

—Ya debe irse….

—Si señor…

La mujer salió despavorida de la oficina dejando atrás a Michele todo cabreado. Y luego piensa en las palabras de su hijo, iba muy a prisa y Daviana se había ido sin avisarle.

—¡Maldita sea! Que coincidencia…

Regresa al interior de su oficina para buscar las llaves de su coche. Se sentía tan cabreado que sus dientes rechinaban.

[…]

Después de ver a su hermano y que todo estuviera bien con él, Daviana regresa a la casa de su jefe y al llegar a la verja de la entrada recordó que no poseía llaves de esa casa. Y antes de poder pensar como entrar la puerta se abre de la nada.

Ella ingresa y camina algo nerviosa a la casa divisando el coche de Michele en la entrada. La joven abre la puerta y tan solo al ingresar en la propiedad no ve a nadie.

—¿Michele? —pronuncia su nombre, pero no oye respuesta.

Sin embargo ella avanza hasta las escaleras y sube directo a la alcoba donde imagino que él estaba. Cruzo la puerta y él no estaba, Daviana se detiene extrañada porque alguien tuvo que abrir la puerta principal.

—¿Dónde estabas? —la penetrante voz de su jefe la sobresalto a sus espaldas, ella da la vuelta para verlo a él recostado del marco de la puerta.

—¿Qué? —pregunta algo confundida.

—Creo que he sido muy claro con mi pregunta, Daviana —ella consigue pestañear reiteras veces.

—¿Ocurre algo?

—Resulta que si pasa algo —empieza a caminar hacia ella de manera intimidante lo cual hace que ella retroceda —. Hoy te has ido sin avisarme.

—Estaba en una reunión, no quise molestarlo —se excusa rápidamente con la verdad.

—¿De verdad? —él ya estaba a pocos centímetros de ella —. ¿Te fuiste temprano de la oficina para verte con alguien?

Ella ensancha la mirada puesto que pensó que su jefe era muy astuto, como se enteró que había ido a la clínica y que se encontró con Gael el doctor.

—Lo siento, es que yo tuve que…

—¿Entonces, es cierto? —pregunta furioso tomándola por los brazos —. Te fuiste a ver con él —Michele aprieta la mandíbula al escuchar que ella le confirmaba sus sospechas —. Como te atreviste a meterte con él. ¿No te quedaron claras mis reglas?

Daviana se asusta un poco puesto que no esperaba que él reaccionara de esa manera solo por ir a ver a su hermano y encontrarse con el doctor.

—No hice nada malo, ¿Por qué me está tratando de esta manera? —ella se suelta y se aleja un poco de su presencia.

Capítulo 19 Cabreado 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arte del clímax