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El arte del clímax romance Capítulo 20

Daviana muerde sus labios con lujuria cuando esa lengua se desliza por su piel erizando todo su cuerpo y de la nada ella suelta un gemido como si estuviera liberando su alma entera. Arquea su cuerpo al sentir que ambas manos de Michele se cuelan por su cintura suavemente.

Él besa su cuello al mismo tiempo que acaricia su cintura apretando un poco, la cadera de Michele estaba en medio de sus muslos ejerciendo presión de su polla contra su coño y no más al sentir aquella violencia contra su sexo la enloqueció.

—Por favor, ¿cuánto más seguirá haciéndome esto?

—Hasta que me digas lo que quiero oír.

—No hice nada con él, ¡se lo juro!, yo nunca he estado con su hijo —gruñe con fuerza no más cuando Michele sujeta ambas tetas y las aprieta —. No le miento —insiste sintiendo todo su cuerpo temblar.

Aunque le pareciera extraño por su parte Michele le creía, y eso que era un tipo bastante desconfiado, sin embargo no dejaba de estar cabreado por el comentario de esa pelirroja mal intencionada. Pero de todas formas pensaba comerse a Daviana en ese momento.

El hecho de que estuviera celoso no quería decir que no deseara su cuerpo y todo de ella.

—No quiero que estés cerca y a solas con mi hijo—demanda sujetando el mentón de Daviana para hacer que ella lo mirase.

—Pero también es el jefe de la…—ella observa esos ojos verdes cual brillaban con intensidad y se petrifica.

—El único jefe en esa empresa soy yo, Daviana —musita irritado —. ¿Lo entiendes? —aprieta su mentón con un poco más de fuerza.

—Si —suelta con un jadeo.

El pelinegro baja la mirada hacia sus labios medio abiertos y decide besarla, la mantiene sujeta del mentón y besa su boca con fuerza. Al mismo tiempo envuelve su cintura mientras que ella alza una pierna alrededor de la cadera de Michele.

Ambos estaban tan juntos que no existían ni un poco de espacio entre sus cuerpos, y mientras se comían la boca del otro, el CEO comenzó a subir su falda hasta llevarla hasta la altura de su ombligo.

Rápidamente sus pantaletas fueron deslizadas por sus muslos con mucha agilidad y seguidamente de eso ella oye el sonido de la cremallera del pantalón de su jefe, unos segundos después, su coño siente como la polla de su jefe empieza a penetrarla lentamente.

—¡Ahhh!, espera, no, espera…

—No, no vamos a esperar nada, Daviana.

Michele introduce un poco más su polla dentro de su cuerpo hasta alcanzar penetrarla por completo y arrancar un ronco gemido de su garganta. Daviana se aferra a su camisa mientras que él sujeta su cintura al mismo tiempo que entra en ella con ímpetu.

—¡Ah! ¡Ah! Michele, Michele… —gime con fuerza, la camisa de ese hombre era como su tabla salvavidas.

Entraba y salía de ella con agresividad, pero esa rudeza le gustaba mucho, la estaba enloqueciendo por completo. Las caricias de Michele la llevaban a la locura, insistía en pensar que ese hombre tenía un no sé qué, que la descolocaba por completo.

—Michele, me voy a correr, ya no puedo soportarlo más —gruñe para luego morder sus labios.

El CEO se incorpora un poco dejando su peso sobre sus antebrazos, afianza las penetraciones para escuchar a Daviana gemir con más fuerza. Admira la belleza de su rostro mientras alcanza el orgasmo y se maravilla al percibir esas mejillas que se tornan de rojo.

Muerde sus labios con tanta pasión que le produce envidia de ver como hace esa maldad con ellos, ya que él es quien desea morderlos y hacerlos suyos.

Pero al contrario de eso, él muerde sus propios labios y continua penetrándola hasta que consigue eyacular en el interior de Daviana de manera bruta soltando un fuerte gemido de placer. Cierra los ojos al sentir que su polla se vacía por completo.

—Mierda…—masculla.

Abre los ojos para ver a Daviana jadear con fuerza. Su rostro sudado y esas mejillas coloradas lo mantenían encendido, se inclina hacia su rostro y sonríe con malicia.

—Parece que te gusta que te saque lo que quiero utilizando este modo —ella ensancha la mirada.

—No, claro que no.

—Pero has terminado confesándome todo, ¿no es así? —chupa su labio hasta morderlo.

Daviana guarda silencio, pero mantiene sus ojos puestos en los de él, era increíble la habilidad de ese hombre para conseguir lo que quería.

—Daviana no quiero que te quedes a solas con mi hijo, y tampoco deseo escuchar más rumores sobre ustedes dos, ¿entendiste? —su advertencia no era en vano, ya que la fiereza con la que la miraba era de temer.

—¡No hice nada con él!

—Te creo, sin embargo no me fio de Connor. Así que mantén tus distancias con él.

< Vamos Daviana, este es el momento preciso para le confieses lo que Connor intento hacer contigo. No seas tonta, Michele te creerá>

—Si —únicamente logra decir. Era una cobarde.

—Quiero que tengas confianza para contarme cualquier cosa que pase.

Michele besa los labios de Daviana para luego incorporarse, al quedar de pie se saca la camisa y baja su pantalón.

—¿Te duchas conmigo? —Daviana observa fijamente a Michele sintiendo un fuerte estremecimiento en su interior.

—Ahora te alcanzo.

—De acuerdo, te estaré esperando.

Ella observa la partida de Michele divisando aquella espalda ancha y pecosa llevándola a morder sus labios, se sienta en la cama mientras piensa en algo que sintió hace un momento. Cada vez que estaba cerca de su jefe o lo recordaba toda ella se estremecía.

Daviana pestañea reiteradas veces, luego lleva la mirada hacia sus piernas a la vez que junta sus manos.

—Joder, creo que me he enamorado de él.

Ella ve como su jefe se despoja de la toalla que cubría su cintura y se encamina hasta la cama, aun sosteniendo la toalla sobre su pecho la castaña visualiza cada paso de ese imponente hombre.

—Vamos, ¿Qué estas esperando? —le dice tumbándose en la cama para luego verla —. Vamos a dormir, estoy muy cansado.

Soltando las esperanzas de poder dormir decentemente, Daviana camina hasta la cama para luego soltar la toalla la cual cae a sus pies. Con nerviosismo se mete bajo las sabanas y de manera inmediata el brazo de Michele envuelve su cuerpo.

—¿Sientes frío? —él susurra contra su oído de manera tentadora.

Daviana se sentía tan cómoda y protegida en los brazos de Michele, pero también una parte de ella estaba confundida. Él se portaba tan extraño con ella, unas veces era muy dulce y otras como distante.

Y esa noche, especialmente se le notaba cabreado como si estuviera celoso de su propio hijo, pero justo en ese momento era tan dulce. Eso la hizo pensar en algo absurdo. No era posible que Michele sintiera por ella algo que no fuese sexual.

—¿Daviana? —su voz de alerta la saca de su estupefacción —. ¿Qué ocurre?

—Nada, estoy bien… estoy muy cansada.

—En ese caso vamos a dormir.

Él abraza con un poco más de fuerza su cuerpo lo que conforta su alma, era tan cálido estar abrazada con un hombre por el cual sentía tantas cosas. Sin embargo, estaba muerta del miedo, enamorarse de alguien que no le correspondía era muy difícil.

Por otro lado, mantener relaciones sexuales con esa persona y sentir lo que sentía sí que la iba a meter en muchos problemas. Daviana cierra los ojos y suelta el aliento, su corazón estaba latiendo muy rápido, presentía que podía ser descubierta en cualquier momento.

Michele abre los ojos lentamente al sentir que el corazón de Daviana latía muy rápido, era evidente que estaba muy nerviosa, pero no encontraba razón, ya la había visto completamente desnuda.

El CEO frunce el ceño, no deseaba pensar que estaba incomoda por dormir con él desnuda. Era absurdo. O quizás, estaba forzándola.

—Daviana, ¿te sientes incomoda durmiendo conmigo de esta manera? —ella ensancha la mirada ya que se siente expuesta —. Si deseas puedes ponerte algo de ropa.

La joven baja la mirada y se lo piensa un poco, pero la calidez que sentía entre los brazos de ese hombre era increíble y no deseaba alejarse de él aunque estuviera desnuda.

—Estoy bien —musita tranquila.

—De acuerdo.

Michele abraza su cuerpo estrechándola su espalda contra su pecho, respira el aroma de su cabello y empieza a adormilarse.

Daviana se tranquilizó y relajo su cuerpo, cerró los ojos y se dejó envolver con el aroma de Michele. Sabía que estaba haciendo mal al permitir dejar correr sus emociones cuando estaba en compañía de Michele, sería un problema al momento que les tocará separarse.

Aplana los labios y niega mentalmente, necesitaba desechar esos sentimientos antes de que se convirtiera en algo mucho más complicado al menos para ella. Lo mejor era dormir y tratar de olvidar esos pensamientos, lo único que podía hacer era disfrutar ese tiempo.

Pero sabía que cuando llegara el momento de dejarlo todo, sería ella la única que sufriría esa separación. Sin embargo todo era parte de un aprendizaje, o al menos eso creyó.

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