Al día siguiente llamaron a Daviana de la clínica para informarle que su hermano iba a pasar a quirófano esa mañana, la castaña se llenó de nervios al saber que Arthur pasaría a cirugía.
—Cálmate, te llevare a la clínica —Michele intenta tranquilizarla —. Toma tus cosas y salgamos de una vez.
—Pero, ¿y el trabajo?
—Yo soy tu jefe, ¿acaso te estoy obligando a ir a la oficina?
Daviana pestañea asombrada ante su comentario.
—Vamos de una vez…
Michele se encamina hasta la salida y ella lo sigue en silencio… todo el camino a la clínica se mantuvieron en silencio, y para cuando llegaron a la misma Daviana creyó que su jefe la dejaría en la puerta y se marcharía.
Pero la verdad es que no fue así, él también se bajó del coche y la siguió al interior de la clínica.
Al llegar a la habitación de Arthur, la pareja se topó con el Gael el doctor que iba a operar al chico. Inmediatamente Michele frunce el ceño y se mantiene cerca de Daviana.
—Hola Daviana, ¡qué bueno que llegas a tiempo! Arthur estaba esperándote.
La castaña sonríe, pero hacia su hermano. Llega hasta la altura de su rostro y besa su frente.
—Todo va a estar bien, pronto nos iremos a casa —el niño sonríe y ella también.
—Tranquila Daviana, está en buenas manos—Gael le sonríe a Daviana, pero ella ni lo mira.
Michele estaba observando todo desde una distancia prudente, sobre todo miraba a ese doctor que siempre intentaba estar cerca de ella.
Unos segundos después Arthur es llevado por los enfermeros a quirófano, y el doctor vuelve a acercarse a Daviana con una expresión que no le agrado a Michele. El CEO frunce la mirada al ver como él posiciona una mano sobre el hombro de ella.
—Todo saldrá bien, te lo prometo.
—Muchas gracias doctor.
El médico asiente y antes de marcharse le dedica una mirada de recelo a Michele, una que este capto de inmediato llevándolo a apretar la mandíbula.
Muerta del miedo, Daviana toma asiento y junta sus manos. Rogaba porque todo saliera bien con su hermano, era tan pequeño para pasar por esos procedimientos. Y entonces, en medio de sus pensamientos, ella nota que unas fuertes manos se posan sobre las suyas.
De inmediato levanta la vista para ver el rostro de Michele.
—Estoy seguro que todo va a salir bien con tu hermano —ella asiente sintiéndose un poco más calmada.
—Debería de ir a la oficina, yo estaré bien.
—¡Me quedare!
Su respuesta sobresalto su corazón, baja la mirada notando sus manos juntas. Ese sentimiento que estaba sintiendo era peligroso.
Dos horas después el teléfono de Michele no paraba de sonar. Daviana sabía que seguramente lo estaban llamando de la empresa, o de sus otras empresas, ella quería que se fuera atender sus asuntos, pero él se empeñaba en quedarse a su lado.
—Padre, ¿Dónde diablos estas? Te olvidaste de la junta que tenemos en una hora.
—Creo que lo puedes solucionar tú mismo Connor.
—¿Cómo dices? Se supone que hablarías personalmente tú con esos compradores, ellos no me quieren ver a mí.
—Tendrás que arreglártelas para convencerlos… para algo te he enseñado lo que se en todo este tiempo.
—¿Dónde demonios estas?
—Atendiendo unos asuntos, nos vemos después…
Su padre le cuelga la llamada y el joven observa su teléfono, luego echa un vistazo al escritorio de la secretaria de Michele y frunce el ceño. En eso, la pelirroja abandona el ascensor y camina hacia él con algunas carpetas en las manos.
—¿Dónde está la secretaria de mi padre? —señala el lugar con la mano que sostenía el teléfono.
—No ha aparecido en todo el día, cuando he llegado ella no estaba. Y ya he pasado varias veces por aquí y su escritorio sigue desocupado.
Connor empieza a imaginarse cosas que comenzaba a cabrearlo, su padre no estaba, la secretaria menos, ¿Qué significaba eso? ¿Los dos estaban juntos? Aprieta la mandíbula al pensar que su padre y ella estuvieran follando quien sabe desde cuánto tiempo.
Luego niega, y piensa que Michele apenas acababa de llegar y ya estaba cogiendo con su secretaria, ¿en qué momento le gano tanto terreno? Por otro lado, si su teoría era cierta, esa mujer era más interesada de lo que imaginó.
Ahora entendía porque lo rechazaba todo el tiempo, ¡claro! estaba cogiendo con su padre y no le interesaba hacerlo con el hijo.
< ¿Esa estúpida que se cree que soy? Un maldito empleado más de esta empresa>
—¿Ocurre algo? —pregunta su secretaria.
—No —se da la vuelta para encaminarse hasta su oficina.
[…]
La espera era angustiosa para Daviana quien no paraba de pensar en cómo se encontraba su hermano. La joven junta sus manos y presiona la frente sobre las mismas implorando al cielo que todo saliera bien con él.
—¡Café! —ella escucha la voz de su jefe lo que la lleva a levantar la mirada.
—Gracias —coge el vaso con el café —. Creo que se están demorando mucho.
—Este tipo de operaciones demoran, debes tener paciencia —él se sienta a su lado pareciendo muy tranquilo.
Daviana lo mira de reojo percibiendo esa masculinidad de su persona, a pesar de no tener ese deber con ella para estar acompañándola en ese momento, lo hacía. No se separaba a menos que se levantara a por un café.
Ella regresa la vista al frente sintiéndose un poco nerviosa por lo que estaba sintiendo en esos momentos.
—¿No cree que debe ir a la oficina?
—¿Quieres que me vaya? —su pregunta la inquieto.
—Se lo pregunto porque sé que hay muchas cosas que hacer.
Michele mira la punta de sus zapatos fijamente, si, tenía mucho trabajo, pero no podía dejar sola a Daviana con eso de la operación de su hermano. Y encima de eso, no se fiaba de ese doctor.
—Mi empresa ha sobrevivido sin mí por mucho tiempo, por un día que yo falte no pasará nada Daviana —el CEO voltea a verla y en ese momento sus miradas se conectan.
El corazón de Daviana da un vuelco al ver esos ojos verdes machados mirarla fijamente, Michele solía verla con mucha intensidad lo que provocaba un gran caos en su interior. Traga saliva puesto que sentía muchas ganas de abrazarlo.
—Familiares del Arthur Morris —la mención del nombre de su hermano la hizo dar un respingo y regresar a la realidad.

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