Entrar Via

El arte del clímax romance Capítulo 22

Sin duda alguna su padre tenía una habilidad para conseguir lo que quería, y eso incluía a la secretaria. Era evidente que le faltaba mucho camino por recorrer para aprender, sin embargo, pensó que esa castaña tenía que ser suya.

—Muy bien, ya me tengo que ir —musita Michele caminando hacia la salida.

—Acabas de llegar… y encima has notado que tu secretaria no está en su puesto de trabajo.

—Sí, ya lo he notado.

No obstante a su padre no pareció importarle que esa mujer no estuviera trabajando. Michele era muy especial con sus empleados, el que le faltara su secretaria y no le diera importancia era para pensárselo mucho.

El chico aprieta los puños de mera ira. Su padre lo tenía todo, empresas, era exitoso e inteligente para los negocios e incluso podía conseguir a la mujer que se le diera la gana sin tener que hacer mucho esfuerzo.

En cambio él, era como la sombra de Michele Gershon… solo atendía la empresa cuando él lo necesitaba, los proveedores y compradores no lo tomaban mucho en cuenta e incluso muchos de los empleados no lo miraban como un dueño.

Y ahora, la mujer por la cual estaba encaprichado lo rechazaba para poder ligar con su padre. Sin duda alguna no era para nada justo, al menos debía obtener algo que se le antojara y como tener la empresa era imposible, por lo menos coger con esa secretaria era algo.

—Eres muy dócil con ella, me pregunto porque será—Michele se detiene antes de salir de la oficina.

—Dime una cosa Connor, ¿te gusta mi secretaria?

—Sí, es una mujer que llama mucho mi atención. No tengo porque negártelo —el CEO sonríe un poco al escuchar la confesión de su hijo.

—¿Cuál es el nombre de ella? —Michele se da la vuelta para ver a su hijo de frente.

El pelinegro más joven se sorprende por su pregunta, y la razón era que no sabía la respuesta para esa interrogación.

—No lo sé, pero, ¿a qué viene esa pregunta? Solo es una secretaria más, no tengo porque saber toda su vida. A ti nunca te han importado los nombres de tus secretarias, siempre te las has follado sin importar el que.

La contesta de su hijo lo hizo entrar en razón, era cierto, desde que su esposa lo abandono le dejo de importar los sentimientos de las mujeres con las que ligaba, pero al estar con Daviana lo hacía actuar diferente.

Era como si ella lo hubiera traído a la vida, esa chica era luz para él. Miró a su hijo fijamente dándose cuenta de que había criado muy mal a Connor en esa parte, quizás la presencia femenina de su madre en su vida lo volvió tan frío como él.

—Las cosas cambian hijo… —Michele se aproxima a Connor dejando una mano sobre su hombro —. Has seguido a un mal ejemplo en esa parte de las relaciones, me parece que ambos deberíamos mejorar ese aspecto de nuestra vida.

—¿Qué quieres decir? —Connor frunce el ceño.

—Que hay mucho más que follar con mujeres sin albergar sentimientos por ellas. El hecho de que tu madre nos abandonara no quiere decir que nosotros tengamos que tratar a las mujeres de mala manera.

El joven aprieta la mandíbula al recordar como su madre se largó de la casa sin mirar atrás. Connor al ver que su padre siguió adelante con su vida pareciendo frío y distante con el resto del mundo, él también decidió tomar ese camino.

Y no resulto tan malo después de todo, ninguna mujer le haría lo que hizo su madre con su familia. Por esa razón no tomaba en serio a nadie, pero ahora que su padre le venga a decir que deben cambiar su manera de ser lo lleva a pensar en algo que le parece absurdo.

—Debes estar bromeando.

—No lo hago…—Michele se da la vuelta para encaminarse hasta la puerta.

—¿Me dices eso por esa tonta secretaria? ¿Por qué no se me su estúpido nombre? ¿A quién demonios le importa como se llame, padre?

—Ella es una persona como tú y como yo Connor. O me atrevo a decir que es mejor persona.

El CEO más joven observa a su padre meterse en el ascensor sin decir una palabra más. Mientras que él se queda pensando en las palabras de Michele. Le parecía ridículo que le diera una lección de vida a esas alturas de su vida, y encima por culpa de esa tonta de su secretaria.

—Ese idiota se ha enamorado de esa mujer.

Las sospechas de Connor cada vez estaban más confirmadas, solo que antes no imagino que su padre sintiera algo por esa chica. Si apenas se acababan de conocer, era imposible que estuviera encaprichado de ella.

—Pero ¿y si lo está?

Sus planes con ella se irían a la basura, y la verdad es que le gustaba mucho esa castaña. Quizás la razón seria porque era la única que no se había follado, y para ser su secretaria por un año y no tocarle un pelo ya era mucho.

Connor pensó en idear un plan para averiguar si esos dos se traían algo.

[…]

Michele llego a casa un poco tarde, al subir a su recámara encontró a Daviana profundamente dormida, hacía mucho frío esa noche y ella no estaba acobijada. Se aproxima a la cama para cubrir su cuerpo medio desnudo mientras admira la curva de sus muslos.

Luego de cubrirla observa su rostro tan lleno de inocencia que de inmediato siente una punzada en su pecho. Michele pestañea reiteradas veces ante tanto desconcierto en su corazón.

Desde que comenzó a follar con Daviana las cosas se fueron transformando poco a poco y eso lo mantenía en alerta todo el tiempo. El CEO afloja la corbata mientras se encamina al cuarto del baño, aún seguía sin entender lo que albergaba por esa castaña.

Aunque no había que ser muy inteligente para darse cuenta de que ella le gustaba más de la cuenta, el problema era que tanto era ese más…

Se despoja de la ropa e ingresa en la ducha permitiendo que el agua fría le ayudara a aclarar sus pensamientos. Pero asumía que eso iba a ser imposible de conseguir ya que él mismo ni entendía lo que estaba pasando.

Se dice mentalmente.

Entre tanto Daviana visualiza el cuerpo desnudo de Michele detrás del cristal de la ducha y siente que todo su cuerpo se tensa. No lo escucho llegar, pero si oyó cuando abrió el grifo del agua lo que la llevo a ir al baño para verlo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arte del clímax