—¿Crees que contigo me estoy rebajando o qué? —Gregorio soltó una risa con un deje perverso—. No pudiste con Benicio, así que solo te queda estar conmigo. Al menos conmigo no te va a faltar comida ni techo.
—¿Qué intentas decir? —Cristina lo miró fija, sin parpadear—. ¿Qué significa “estar contigo”?
—¿Tú qué crees? ¿A poco te imaginas que quiero que seas mi esposa?
—¡Jamás! —Cristina lanzó el vaso que tenía en la mano sobre la mesa, temblando de indignación—. ¡Jamás me casaría contigo, eres un patán!
¡Nadie conocía mejor que ella lo mujeriego y desvergonzado que era Gregorio! Ese hombre no tenía pudor; le daba igual estar con universitarias que con chicas de los bares, todas le servían de compañía. ¿Cómo iba a aceptar acabar con alguien así?
Gregorio frunció el ceño, molesto.
—¿Te das el lujo de rechazarme? ¿Tú crees que te estoy haciendo un favor? Sal de este restaurante y verás quién te cuida afuera. ¿Benicio, el inútil? ¿O Gabriel, que te quiere ver muerta?
Cristina sintió la sangre hervirle en las venas, pero se vio obligada a sentarse de nuevo, fulminando a Gregorio con la mirada.
Él, muy tranquilo, se sirvió una bebida como si nada.
—Ya que así están las cosas, más vale hacerlo rápido que tarde.
—¿De qué hablas? ¿No estarás planeando hacerle daño a Benicio? —Cristina preguntó, atenta a cada movimiento.
Gregorio le lanzó una mirada burlona.
—Ese Benicio tuyo, se la pasa pensando en el amor y otras tonterías. Así no se logran cosas grandes.
—¡Eres un monstruo! —Cristina no podía creer lo que oía, le temblaba la voz—. ¿No que eran amigos?
Gregorio soltó una carcajada.
—¿Amigos? ¿Tú crees que un amigo le encaja un hijo a otro?
Cristina se quedó paralizada, como si estuviera conociendo a Gregorio por primera vez.
—¿Qué pasa? —Gregorio se burló—. ¿Tú crees que eres una santa? ¿Todavía te crees el gran amor puro de Benicio?
—Yo… —Cristina apretó los dientes—. No soy como tú.
—No seas ingenua. Benicio solo te quiere porque no soporta perder. —Gregorio puso frente a ella un plato de sopa de cebolla—. Come, deja de hacerte la mártir. En este mundo solo yo te entiendo, solo tú y yo somos iguales. Tu destino y el mío están atados.
Cristina tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¿Y vas a divorciarte?
Gregorio sonrió, como si no le importara nada.
—Me divorcio, claro que sí. Anda, come, que después de esto tengo cosas que hacer. En la noche tengo una cita.
—¡Voy contigo! —Cristina lo miró, suplicante, con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué haces siguiéndome a todos lados si hasta tienes un hijo? ¿Por qué me miras así? Igualito que mi esposa cuando sospecha que voy a ver a otra. ¿Crees que voy a salir con una mujer?
—¿Entonces con quién vas? —Cristina estaba al borde del colapso, arrepentida. Sentía que, después de todo lo que había hecho, no le quedaba más que atarse a Gregorio, aunque esa nunca había sido su intención. Ella solo quería estar con Benicio, ¿cómo iba a comparar a ese mujeriego empedernido con Benicio?
...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...