En su primera semana de clases, Estefanía se integró sin problemas con sus profesores y compañeros.
Era la única en su clase con una discapacidad en la pierna, y le había preocupado recibir miradas extrañas de sus compañeros. Pero, por suerte, la atención de todos parecía estar en otras cosas. Quizás alguien lo notó, pero nadie lo mencionó. Todos actuaban como si nada, y eso estaba bien.
La segunda semana, el lunes por la mañana, cuando regresaba a la universidad desde la casa de su tía, vio a alguien en la entrada de la escuela. Esa persona sostenía un ramo de lirios del valle y estaba de pie justo en su camino, con una sonrisa capaz de iluminar hasta el día más nublado de la ciudad.
—¡Noel Roldán! ¿Qué haces aquí? —le preguntó Estefanía con seriedad al llegar frente a él.
La sonrisa de Noel se hizo aún más radiante.
—Vine a dejar a mi hermana a la escuela y quise pasar a verte.
Le entregó las flores.
—Felicidades por este nuevo comienzo.
Estefanía sonrió. Para ella, esto era de verdad un nuevo comienzo.
—Por cierto, vivo muy cerca de aquí. ¿Quieres venir a cenar a mi casa en la noche? —le preguntó Noel sonriendo, con las orejas enrojecidas.
Estefanía, pensando que se refería a la casa que le había preparado a su hermana, preguntó casualmente:
—¿Y qué estudia Sonia?
—Ah, ella tiene muchos intereses. Le encanta bailar, también pintar, cambia de idea a cada rato. Se inscribió en la facultad de artes —dijo Noel—. Primero ve a tus clases y en la noche paso por ti. Mi hermana no sabes qué feliz se puso cuando supo que estabas aquí.
Estefanía asintió sonriendo.
—¡Claro que sí!
—Sonia, ¿de qué hablas? ¿Tu hermano también vino? ¿No solo te trajo a la escuela? —preguntó Estefanía, frunciendo el ceño.
—¡Bah, qué va a ser solo eso! Lo que pasa es que tiene malas intenciones contigo, Estefanía. Te digo que se vino a un curso de idiomas y piensa aplicar a tu misma universidad este año. ¡No le hagas caso, ponlo a prueba por mucho tiempo! ¡No se la dejes fácil! —insistió Sonia una y otra vez.
Estefanía no sabía si reír o llorar. ¡Qué cosas decía!
Sin embargo, lo que más la sorprendió fue descubrir que la supuesta casa de Noel estaba justo al lado de la suya. Estaban separados por la cerca del patio. En ese momento, el manzano del jardín ya tenía frutos y, si se ponía de puntitas, ¡podía estirar la mano y arrancar una manzana del árbol de su jardín!
Cuando entraron, Noel salió a recibirlas con las mangas arremangadas y un delantal puesto.
—Mi hermana me ordenó que cocinara en casa, por eso fue ella a buscarte —dijo sonriendo.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...