Noel corrió a sostenerla.
—Siéntate, siéntate. Yo me encargo.
La ayudó a sentarse en el sofá, pero ella seguía agitando la mano.
—Estoy bien, no me pasa nada, de verdad…
—Sí, sí, estás bien. Yo voy a limpiar —le siguió la corriente Noel.
Sin embargo, apenas terminó de meter los platos en el lavavajillas, salió y la encontró dormida en el sofá.
Temiendo que estuviera incómoda, la llamó suavemente.
—Estefanía, Estefanía, ¿quieres ir a dormir a la cama?
Pero Estefanía mantenía los ojos cerrados; no había forma de despertarla.
Noel suspiró, la tomó en brazos y la llevó a la habitación.
Estaba realmente ebria. Tenía las mejillas sonrojadas, como si estuvieran teñidas de carmesí.
Cuando se inclinó para acostarla, el cálido aliento de ella rozó su oreja, tensándolo por completo.
Mientras contemplaba su rostro encendido y sus labios, que parecían teñidos con jugo de rosas, de verdad que no quería apartarse. Incluso deseó inclinarse un poco más, solo un poco más, hasta poder tocar sus labios. ¿Qué pasaría si apenas los rozaba?
¡Pero no podía!
Sería una falta de respeto hacia ella.
La razón volvió a imponerse y huyó rápidamente del dormitorio.
Corrió directo a la puerta para irse a su casa, pero entonces pensó: «Está muy borracha, ¿y si se siente mal y necesita que alguien la cuide?».
Así que regresó.
Dudó un momento. Con toda esa energía acumulada y la sangre hirviendo por el alcohol, no sabía qué hacer… así que se puso a limpiar.
Y así, en esa noche de invierno, mientras Estefanía dormía profundamente en su habitación, un Noel rebosante de energía se dedicó a limpiar la casa de arriba abajo, sin dejar ni un solo rincón sin tocar. No paró hasta que estuvo exhausto, se tumbó en la sala, y con la batería agotada, entró inmediatamente en modo de reposo.
Al día siguiente, cuando Estefanía se despertó, sus ojos se encontraron con los de Noel, que dormía en la sala. Él se puso nervioso al instante.
—Anoche estabas muy borracha y me preocupaba que te sintieras mal, así que no me atreví a dejarte sola…
—Tú preparaste la cena anoche. El desayuno es algo sencillo, ¡déjame hacerlo a mí!
—¡No! —dijo él, volteando con una sonrisa—. No, amo la cocina tanto como amo bailar.
Estefanía se rio.
—¿Esa es tu comparación? ¿No era el baile tu vida?
—¡Claro! ¡Y la cocina también! —respondió él—. Prepararle la comida a la persona que más amas en la vida también es algo muy importante, ¿no?
Apenas lo dijo, se quedó helado.
«Rayos, rayos, se me salió lo que pensaba. ¿Se enojará Estefanía?».
Rápidamente, se dio la vuelta para corregir el error.
—Eso… ¡eso lo dice mi papá! ¡Es su frase favorita!
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...