—Qué detallista tu novio —lo halagó Estefanía—. Oye, ¿todo lo que venden lo hacen ustedes mismos?
—Sí, principalmente lo hace mi novio. A mí no se me da muy bien, yo solo me encargo de vender —dijo la chica con una sonrisa dulce.
—¡Qué increíble! —exclamó Estefanía, sorprendida—. Veo que muchos de estos son dulces tradicionales de nuestro país. ¿Tu novio sabe hacerlos?
La chica asintió con una sonrisa.
—Sí, él es del Estado Soberano de San Mateo.
—¡Ah, qué bien! —El «qué bien» de Estefanía no tenía un significado especial, fue más bien una expresión casual, nacida de una afinidad instintiva hacia un compatriota.
Estefanía compró una bolsa grande de dulces. Noel la cargó, se despidieron de la chica de la pastelería y se fueron.
Después de que se marcharon, un hombre salió de la trastienda. Se quedó mirando la puerta que aún se balanceaba y el tintineo del carillón de viento, en silencio, durante un largo rato.
***
Una vez en el carro, Noel no dejaba de lanzar miraditas de reojo, y cada vez que paraban en un semáforo en rojo, su aire de celos casi llenaba todo el espacio.
A Estefanía siempre le hacía gracia verlo así.
—¿Y ahora a ti qué te pasa?
Noel bufó.
—¿Con que el novio de otras es detallista? ¿Y tu novio no lo es?
¿Hasta de eso se podía poner celoso?
—Noel, una de las virtudes tradicionales de la gente de nuestro país es la humildad. ¿Podrías ser un poquito más humilde?
—No —replicó Noel—. Mi mayor virtud es el orgullo. Mírame.
Estefanía no entendía nada. «¿Y ahora qué se trae este?».
Lo vio bajar la ventanilla y saludar al azar al conductor del carro que se había detenido a su lado.
El conductor del otro carro le respondió con un animado «¡qué tal!».
Noel, con una sonrisa de oreja a oreja, le presentó a Estefanía.
—Ella es mi novia, la chica más guapa del mundo.
Noel no se dio por vencido.
—Primero tienes que demostrar tu buena fe.
—¿Y cómo la demuestro? ¡Yo no voy a hacer el ridículo! —dijo Estefanía, temiendo que le pidiera que ella también le gritara al mundo esas tonterías.
—Dímelo solo a mí. Dilo aquí.
Estefanía lo pensó. Eso era aceptable. Curvó los labios.
—Noel es el novio más guapo y el mejor del mundo.
Él sonrió al instante.
—Tu actitud fue sincera, así que por esta vez te la paso, pero que no se repita.
Aunque Estefanía puso los ojos en blanco una y otra vez, la sonrisa no se le borró de la cara.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...