Después de la segunda función, Estefanía y Noel siguieron ajustando y perfeccionando el baile hasta definir la versión que presentarían en Edimburgo.
Para entonces, ya casi eran las vacaciones de verano.
Estefanía terminó su tesis sin contratiempos, y después, tanto ella como Noel tuvieron que volver a su país para tramitar una nueva visa.
Le encargó a Gabriela que continuara con los ensayos y acordaron que cualquier problema lo comunicarían de inmediato por el chat del grupo.
La dirección oficial de Noel estaba registrada en Nube de Sal, por lo que necesitaba regresar ahí para hacer unos trámites, mientras que Estefanía voló de regreso a Puerto Maristes.
Su hermano no estaba en Puerto Maristes, pero Mateo fue a recogerla personalmente.
—¡Señor Mateo! —exclamó Estefanía, emocionada de volver a respirar el aire familiar de Puerto Maristes.
El pasado se había desvanecido como el humo, y con él, todo el dolor. La mujer que dos años atrás solo quería huir, ahora comprendía el significado de un hogar. Cada rincón de Puerto Maristes era una marca imborrable de sus raíces, grabada en lo más profundo de su ser.
Mateo la observó correr hacia él, sintiendo una profunda satisfacción.
Aunque no era su tío de sangre, por trabajar con Gabriel Ruiz había sido testigo de cómo la joven había salido poco a poco de esa oscuridad. Verla ahora caminar con total normalidad era como si el destino por fin le estuviera devolviendo algo.
Mateo la llevó a casa.
Allí solo estaban Elvira, su hija y los guardaespaldas.
Al verla de nuevo, Elvira se alegró tanto que casi se le salen las lágrimas.
Alba, la hija de Elvira, se acercó y, con mucho respeto, la llamó «señorita».
Estefanía le pellizcó suavemente la mejilla.
—¿Qué, ahora ves muchas telenovelas? Nada de «señorita», dime Estefanía.
Alba se sonrojó y la llamó «Estefanía» en voz baja.
—¡Así me gusta! —Estefanía se dejó caer en el sofá—. ¡Ay, Elvira, qué a gusto se está en casa! Ahora que volví, me tienes que preparar todos tus platillos especiales.
—Ay, Estefanía, no tienes idea de cómo me dolió cuando me enteré de lo de tu pie. Nunca me atreví a decírtelo, pero en la prepa, cuando ensayábamos para los festivales, yo era de las que bailaban hasta atrás, en la esquina. Siempre te veía bailar y me moría de la envidia. Cuando te lastimaste, se me rompió el corazón, ¿sabes? ¡Qué bueno que ya estás bien!
Estefanía se sorprendió mucho. Siempre había pensado que en la prepa pasaba desapercibida y que no le gustaba a nadie.
—Qué tonterías dices —le soltó Diego—. Seguro ni te enteraste de que a muchos chavos les gustabas y te mandaban dulces y cartas de amor, ¿verdad?
Estefanía se quedó de a seis.
¡Jamás había recibido una sola carta de amor!
Diego se rio con desprecio.
—¿Y sabes por qué nunca las recibiste?
Jerónimo le dio un codazo para que se callara. Todo eso ya había pasado; Estefanía y Benicio estaban divorciados, ¿qué caso tenía remover el pasado?
—¿Por qué? —preguntó Estefanía, sin entender, esperando la respuesta de Diego.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...