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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 465

No tuvo la menor oportunidad de resistirse. Le inmovilizaron las manos y los pies al instante, sin que pudiera siquiera gritar.

Los dos hombres la llevaron hasta el estacionamiento subterráneo y la metieron en un carro.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Estefanía, mientras su mente trabajaba a toda velocidad, buscando una razón para el secuestro—. Si quieren dinero, se los puedo dar.

Lo primero que pensó fue que era otro de los líos de su padre. Aunque él ya estaba en la cárcel, ¿quién sabía si sus deudas habían quedado saldadas?

¿O tal vez era por su hermano?

Uno de los hombres conducía mientras el otro la sujetaba. Al oírla mencionar el dinero, sus miradas se cruzaron en el espejo retrovisor.

Así que era por dinero.

—No voy a preguntar quiénes son. Solo díganme cuánto quieren y cómo se los pago. Se los daré sin involucrar a la policía, para que nadie salga lastimado —dijo, pensando que lo más importante era mantenerse a salvo por el momento.

Sin embargo, después de intercambiar esa mirada, los hombres no dijeron nada más. El que la sujetaba simplemente le advirtió:

—¡Más te vale que te estés quieta!

Estefanía no sabía si estaban armados; al menos, no había visto ningún arma.

—Estoy quieta. Como ven, no estoy oponiendo resistencia. Sé que no puedo contra ustedes ni podría escapar. ¿Qué ganaría con no cooperar? Solo quiero saber por qué se arriesgan así. Si es por dinero, de verdad no es necesario todo esto. Ya les dije que puedo dárselos —insistió, tratando de mantener la calma.

Ya había oscurecido por completo. El carro iba a gran velocidad, y Estefanía no tenía idea de adónde la llevaban.

Si no se detenían en ningún momento, si no hacían nada más, ¿eso significaba que no tendría ninguna oportunidad de escapar?

Noel.

Su única esperanza ahora era Noel.

Él la llamaba todas las noches. Si llamaba esta noche, ¿tendría la oportunidad de contestar? Su celular estaba en su bolso, y ellos se lo habían quitado.

Justo en ese momento, su celular sonó.

—Es mi teléfono —dijo ella.

—¡No contestes!

Era de esperarse.

¿Qué iban a hacer?

¿Tirarla al mar?

¿Meterla en un barco? ¿Cómo pasarían la seguridad?

Mil conjeturas pasaban por su mente, pero su corazón era un caos. De nada servía entrar en pánico. Lo único que pudo hacer, la única pista que podía dejar, fue soltar uno de sus zapatos discretamente mientras la cargaban.

Sintió que la arrojaban dentro de una caja. Hubo un movimiento brusco, de arriba abajo, y luego la volvieron a lanzar. Se golpeó la cabeza dentro de la caja.

Después de eso, los dos hombres desaparecieron.

Encima de ella escuchaba el sonido de pasos yendo y viniendo. Tenía las manos y los pies atados, no podía moverse.

Con el largo silbato de un barco, sintió que empezaban a moverse, un vaivén constante.

¿De verdad la habían metido en un barco?

¿Ya había zarpado?

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