La figura de Benicio apareció detrás de la cabaña, un poco incómodo bajo la mirada de todos.
Como ya casi habían terminado de cenar, la tía dijo:
—Voy a exprimir un poco más de jugo.
Entonces la abuela también se levantó.
—Y yo voy por un poco de pan caliente.
Eran solo pretextos, por supuesto. Gilberto no quería irse, pero su madre le hizo una seña con los ojos para que la siguiera.
—Mamá —dijo Gilberto con desaprobación una vez dentro de la cabaña—. Aunque ese imbécil de Téllez nos haya ayudado esta vez, es absolutamente imposible que lo perdone. Las cosas no son tan fáciles. ¿No te acuerdas de lo mucho que lastimó a Fani? Tú no lo viste porque estabas en Inglaterra, pero la abuela y yo lo vimos todo. Me opongo rotundamente a que vuelvan.
—Ay, hijo —dijo su tía—. ¿Acaso crees que van a volver solo por hablar un rato a solas? Es verdad que Fani parece estar mejor, pero es porque está cansada y su atención se ha desviado a otras cosas, lo que le impide pensar en ello por ahora. Pero quién sabe si la espina que tiene clavada en el corazón ya ha sido removida. Veamos qué le puede decir este muchacho. Lo más importante es que logre cerrar esa herida por completo.
Gilberto miró hacia afuera. Por suerte, ese tal Benicio estaba sentado frente a Estefanía, con una mesa de por medio, manteniendo la distancia.
Benicio se sentó frente a ella, un poco avergonzado y temeroso.
—Soy… yo.
—No estoy ciega —dijo Estefanía—. ¿Qué se supone que haga? ¿Que te reciba con una ovación o que te ponga una alfombra roja?
Benicio carraspeó un par de veces.
—No, es que… temía que no quisieras verme.
—Aunque no quisiera verte, aquí estás, ¿no? —Estefanía dejó la botella de yogur sobre la mesa.
—¿Quieres más? —le preguntó Benicio.
Estefanía negó con la cabeza.
Benicio la miró y sonrió levemente.
—¿De qué te ríes? —Ella se reclinó en la silla de jardín, mirando la luna brillante en el cielo.
La voz de Benicio también contenía una sonrisa.
—Nada mal. Que todavía puedas regañarme significa que no estás tan mal.
Estefanía le lanzó una mirada. Era extraño. Después de divorciarse, este hombre se había vuelto un fastidio. Antes, cuando ella lo adoraba y lo trataba como si fuera el centro de su universo, él no valoraba su amor. Ahora, se había vuelto incomprensible.
—Benicio —dijo ella—, eras tú quien soplaba la hoja todas las noches, ¿verdad?
—Bueno… —Benicio dudó un momento. Parecía inútil negarlo. Bajó la cabeza—. Sí.
Esperó a que ella lo regañara, pero pasó un buen rato y no dijo nada.
Él levantó la vista y le preguntó con vacilación:
—¿Qué pasa?
—Sonaba horrible —dijo ella—. Desde la preparatoria sonaban fatal. ¿Acaso no se daban cuenta?
Estefanía volvió a sentarse.
—¿Y cuál es el punto de hacer eso?
—No lo sé. Quizá no tenga ningún sentido —sonrió él—. A veces, cuando uno siente que está en el ocaso de su vida, sin nada que buscar, simplemente se deja llevar por sus instintos.
Estefanía frunció el ceño.
—¿Qué tanto hablas del ocaso de tu vida? ¡Parece que te estuvieras muriendo!
Él miró la luna y volvió a sonreír.
—Estefanía, nunca he vuelto a ver estrellas y una luna tan hermosas como las de aquella noche.
El corazón de Estefanía dio un vuelco. Se rio con frialdad.
—¿Estás loco? ¿Desde cuándo se ven bien las estrellas cuando hay luna llena?
Benicio parecía mirar a un lugar muy lejano.
—Pues en mi corazón sí.
Estefanía se quedó sin palabras.
—Estefanía, ¿quieres venir conmigo? De todos modos, todavía no empiezan tus clases. ¿Por qué no vienes conmigo y vemos a qué lugares fue ese loco de Agustín? —dijo él de repente.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...