Entrar Via

El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 521

Estefanía no pudo evitar burlarse de él.

—¿Y Ana sabe de esto? Eres una persona muy extraña. ¿Acaso tienes alguna obsesión con tus ex?

Benicio la miró y sonrió con amargura.

—Ana lo sabe. No le he ocultado nada.

—Claro, siempre has sido un patán muy transparente. Como cuando estabas con Cristina Luján, tampoco me ocultaste nada —dijo Estefanía, levantándose para entrar en la casa.

—Estefanía —la llamó Benicio de nuevo.

—¿Qué más quieres?

Benicio hizo una pausa y preguntó en voz baja:

—Estefanía, ¿todavía me odias?

Ese suave «¿todavía me odias?» fue como un tornado que surgió de la nada, revolviendo todo el pasado que yacía enterrado en el fondo del mar.

Doce años, en un instante, llenos de una mezcla agridulce de recuerdos.

Antes, Estefanía le habría dicho «no te odio» con una mirada dura y un rostro impasible. Se habría dicho a sí misma y a él que a partir de ese momento serían extraños. Que el verdadero olvido en este mundo es no sentir ni amor ni odio.

Porque odiar también requiere energía.

Pero en ese momento, se dio la vuelta, tan ligera y pura como el viento de la Hacienda de Jade, y le dijo:

—Ya no te odio.

Estefanía se esforzó por recordar y reflexionar. Recordó que cuando lo salvó, lo hizo por pura valentía. Después de la lesión, se preparó mentalmente para no volver a subir a un escenario, pero en ese momento, nunca pensó en pedirle nada a cambio, y mucho menos en casarse con él. Si él no le hubiera propuesto matrimonio, la historia que vino después nunca habría ocurrido.

Cuando lo salvó, quizás fue porque lo amaba, pero también pudo haber sido un simple instinto, un impulso.

—Benicio… —su voz parecía envuelta en niebla—, la verdad es que después he pensado que si ese día no hubieras sido tú, si hubiera sido cualquier otra persona que me encontrara en la calle, un niño, un anciano, una persona común, probablemente también habría corrido a empujarla. Simplemente, dio la casualidad de que eras tú.

—Estefanía… entonces, lo que odiabas no era el enorme precio que pagaste, sino mis acciones, mi forma de ser.

—Sí —admitió Estefanía con franqueza—. Puedo aceptar que no me amaras. Si hace seis años no me hubieras pedido matrimonio, no te odiaría, porque el matrimonio no es una forma de pagar una deuda. Si en cualquier momento durante nuestros cinco años de matrimonio me hubieras dicho que intentaste amarme pero que no pudiste, que simplemente no lograbas enamorarte de mí, tampoco te culparía. Al menos, ambos lo habríamos intentado. El matrimonio no es para forzar las cosas. Incluso si, en el momento en que Cristina regresó, me hubieras dicho que el amor de tu vida había vuelto y que querías divorciarte de mí, probablemente me habría puesto triste por un tiempo, pero no te odiaría. Después de todo, el matrimonio no es una atadura. Podríamos habernos separado y desearnos lo mejor. ¿No dicen que uno se casa para ser feliz y también se divorcia para serlo? Ambos teníamos derecho a pedir el divorcio.

—Benicio —suspiró—, el matrimonio es para vivir felices juntos. Lo que odié fue que pisotearas nuestro matrimonio, que tanto valoraba, que me engañaras, me lastimaras y me humillaras para que otra persona pudiera lucirse a mis costillas.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo