Y así, Estefanía se vio inexplicablemente acorralada por Iván en la puerta del salón de baile, escuchándolo gritarle explicaciones durante media hora.
Cuando Iván terminó, ella seguía aturdida, con un zumbido en la cabeza.
—¿Entendiste o no? —Iván tenía la garganta seca de tanto gritar.
Estefanía frunció el ceño.
—¿Por qué gritas si son problemas tan sencillos?
Iván se quedó mudo un segundo y luego la voz se le rompió al gritar:
—¡Si son sencillos por qué no los haces! ¡Está todo en blanco!
—¿Y yo por qué tengo que hacerlos? ¿Tú me dices que haga examen y yo obedezco? Yo... —Era absurdo.
—¡No te lo digo yo, te lo dice el jefe! ¡Lo dijo Benicio! —El tono de Iván implicaba: ¿Te atreves a desobedecer al jefe?
A Estefanía le pareció aún más ridículo.
—Él será tu jefe, ¡no el mío!
Le devolvió las hojas a Iván.
—No necesito clases, gracias.
—¡Oye! ¡Oye! —gritó Iván a su espalda.
Estefanía no le hizo caso y siguió caminando.
Pero Iván interpretó esa frase como: "No quiero que tú me des clases, quiero que venga el jefe".
Eso no podía ser. El jefe estaba ocupadísimo...
Como buen amigo de Benicio, si no podía quitarle carga de trabajo, ¿qué clase de amigo era?
Tuvo que reflexionar por qué Estefanía no quería que él le explicara. Tras meditarlo toda la noche, llegó a una conclusión: ¿Había sido demasiado rudo?
Al día siguiente llegó abrazando unos exámenes de inglés y con un café con leche —de esos con crema en polvo— a la puerta del salón de baile.
Pero con ese nivel de inglés, ¿para qué quería el jefe que le dieran clases? Tenía que reportar esto.
Benicio aún no sabía que la carrera de "tutor" de Iván había sufrido un golpe tan duro; en ese momento iba saliendo del hospital.
Salió acompañado de Agustín.
Agustín visitaba a la abuela con la misma frecuencia que él, cosa que Benicio agradecía profundamente.
—Dijiste que tenías una condición. Dímela ahora. —Benicio tomó la iniciativa. Estaba decidido a hacer lo que fuera, incluso poner las manos al fuego.
—¡Va, te la digo! —Agustín lo miró sonriendo—. Quiero que tú no apliques a ninguna universidad en Nube de Sal.
Benicio se sobresaltó.
—Quieres decir que...
Ninguno de los dos era tonto. Benicio adivinó las intenciones de Agustín, pero no quería creerlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...