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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 626

Por lo tanto, ahora que la abuela de Benicio se había operado antes de tiempo —aunque no fue por influencia suya—, Benicio probablemente ya no se cruzaría con Cristina. A ella solo le quedaba un objetivo: mantener su distancia con él.

Sin embargo, no logró escapar.

Porque Iván, Delfina y varios compañeros de su antiguo salón fueron a bloquearla directamente al salón de Humanidades.

Ella y Agustín quedaron en una situación donde no podían negarse.

—¿Vamos? —dijo Agustín.

Estefanía recordó que él de por sí planeaba ir.

Agustín y Benicio eran buenos amigos del equipo de basquetbol, así que naturalmente no faltaría a esa reunión de cumpleaños.

Al final, Estefanía fue arrastrada por varios compañeros.

—Estefanía, ya no estamos en el mismo salón, juntarnos está difícil. ¡Por fin tenemos una oportunidad!

—Sí, Estefanía, entre las clases y que te la pasas bailando, es difícil toparte hasta en la cafetería.

—No es solo el cumpleaños, Iván quiere aprovechar la fecha para que nos reunamos todos.

Es cierto, aparte de Benicio, ella todavía tenía a amigos como Delfina en este mundo.

Solo que, para ir a una fiesta de cumpleaños, tendría que preparar un regalo, ¿no? Si no, se vería mal.

—¿Qué piensan regalarle? —le preguntó a Delfina.

Delfina dijo:

—Varios compañeros vamos a hacer una coperacha para encargar un pastel. Además, como la abuela de Benicio se acaba de operar, compraremos algo para visitar a la enferma.

Estefanía pensó que era buena idea.

—Cuenten conmigo.

—¡Va! —Delfina estaba feliz con tal de que ella fuera.

Pero la abuela que tenía enfrente, aunque débil por la cirugía reciente, tenía la mirada clara y un semblante amable, totalmente diferente a la anciana demacrada que ella cuidó.

Estefanía sonrió levemente desde el fondo del grupo. Qué bueno. Ojalá esto no sea un sueño, ojalá todos realmente tengan la oportunidad de empezar de nuevo.

—Beni, gracias a tus compañeros por venir a verme y acompañarte en tu cumpleaños. Llévalos a jugar afuera, no vaya a ser que se les pegue lo enfermo —dijo la abuela.

Antes de que Benicio pudiera responder, Agustín se adelantó:

—¡Abuela, nada de decir eso! ¡Usted ya está bien! ¡No tiene ninguna enfermedad!

La abuela de Benicio se rio al escucharlo.

—Bueno, bueno, bueno, no tengo nada. Ustedes vayan a divertirse.

Había que admitir que Agustín tenía un don para alegrar a la gente con sus palabras.

Todos salieron contentos de la habitación. Estefanía sintió que Benicio la miraba fijamente, pero cuando buscó su mirada, él ya la había desviado.

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