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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 636

—Había mucha gente en el camión, ¿qué miedo iba a tener? —respondió ella como si fuera lo más natural.

Desde la parada del autobús hasta el edificio, el camino estaba lleno de árboles y gente yendo y viniendo.

Caminaron entre la multitud en silencio.

—Estefanía… —Él intentó varias veces decirle algo, pero el flujo de gente los interrumpía constantemente. Al final, llegaron al edificio sin que él pudiera decir nada importante.

Estefanía no sabía que él quería hablar, así que al llegar a la puerta de la pastelería en la planta baja, se despidió con la mano:

—Bye, ya me subo.

Él miró su espalda y se tragó todas las palabras que tenía preparadas.

Estefanía terminó su clase de baile dos horas después.

Había quedado con su hermano para que pasara por ella, pero él se había atorado en el tráfico y tardaría unos veinte minutos más.

Estaba debatiéndose entre esperar en la banqueta o entrar al súper del edificio a dar una vuelta, cuando se giró y vio a Benicio observándola detrás de ella.

—¿Ya saliste? —preguntó ella casualmente.

—Ya casi —dijo él, fijando la mirada en las finas gotas de sudor que cubrían la frente de ella bajo la luz de las farolas.

Para bailar, ella se recogía el cabello en un chongo alto, dejando al descubierto su cuello delgado. Se veía muy elegante, como un cisne blanco.

—¿Estás esperando transporte? —Notó que ella había estado revisando su celular.

—Ajá. —Algo así.

—¿Cuánto falta?

—Como veinte minutos. —Eso le había dicho su hermano.

—No, son para mi familia.

—¿Ah, sí? —Menos mal. Si no, de verdad pensaría que no conocía a la persona que tenía enfrente.

—Aunque, la verdad, deberíamos comer de esto, preparado con pechuga de pollo y brócoli, para bajar grasa y subir músculo —comentó ella mientras seguía eligiendo.

Benicio no siguió el hilo de la conversación porque su mente estaba en otro lado.

—Estefanía… —Finalmente se decidió a sacar el tema—. El otro día fui a tu salón y vi la bola de cristal de Agustín.

La mano de Estefanía se detuvo un instante. ¿Aquel adorno que originalmente era para él?

—Está muy bonita, debió tomarte mucho tiempo —dijo él, tratando de sonreír y tantear el terreno.

—Son cosas que nada más sirven de adorno, no tienen utilidad —respondió ella sin pensar. Realmente fue un comentario al aire, sin intención de devolverle sus propias palabras, pero en cuanto lo dijo, se dio cuenta de que sonaba raro.

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