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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 637

Sonaba extrañamente a despecho.

Ojalá no lo malinterpretara.

De verdad no lo decía como respuesta a la conversación que él había tenido con Iván en las escaleras aquel día, simplemente…

Sentía que él la había influenciado inconscientemente. Como él consideraba que esos regalitos hechos con dedicación eran cosas inútiles y superficiales, ella, sin querer, adoptó ese discurso al hablar con él.

—Ese día…

Los dos hablaron al mismo tiempo.

Estefanía quería decir que no había dicho eso por haber escuchado su plática con Iván.

Él quería preguntar si había escuchado lo que habló con Iván.

Estefanía sintió de pronto que no tenía caso explicar nada.

—Benicio… —Cargó la charola con pan y se dirigió a la caja—. Cóbrame, porfa.

Todas las palabras de Benicio se quedaron atoradas ante esa frase.

Tomó los panes, los escaneó uno por uno y los empacó. Cuando el precio apareció en la pantalla, una fuerte sensación de inconformidad le invadió el pecho. No se resignaba a que su relación con ella se redujera a comprar y vender pan. Ni siquiera sabía cuándo había empezado esto, ni por qué.

—La bola de cristal iba a ser para mí, ¿verdad? —Finalmente, cuando su frustración llegó al límite, la pregunta se le escapó.

Estefanía ya había guardado el pan en la bolsa. Al escuchar eso, lo pensó un momento y negó con la cabeza.

—No.

Él no le creyó.

Incluso sonrió.

Normalmente siempre mantenía la compostura, fresco como el viento, pero cuando realmente le dolía algo, sonreía. Solo que, al sonreír, únicamente él sabía el ardor que sentía en la nariz.

—Sé que sí, Estefanía. Solo quiero saber por qué.

Estefanía estaba confundida. No entendía qué quería hacer él. ¿Acaso estaba ocurriendo esa típica escena de novela donde el protagonista se arrepiente antes de tiempo?

Asintió.

Eso era cierto, tenía ese plan. ¿No se lo había dicho ya?

—No hay problema —dijo él—. Entonces ve a Nube de Sal.

Estefanía se quedó muda. ¿Qué?

No entendía muy bien a qué venía esa frase.

—Estefanía, solo sé que… —Habían tenido una plática antes, pero al parecer no tuvo el resultado que él esperaba. Tal vez no habló lo suficiente—. Solo sé que yo nunca he cambiado. Tú tampoco cambies, ¿sí?

Estefanía entendió un poco, si es que no se equivocaba.

Benicio era una persona reservada; sacarle una frase sincera era más difícil que subir al cielo, y más aún tratándose del Benicio de prepa.

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