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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 591

Marisa recibió la bolsa de plástico del vendedor con una expresión de pura alegría.

Tomó un largo palillo de madera, pinchó un trozo de sandía y se lo acercó a la boca a Rubén.

Rubén se quedó perplejo por un momento, pero luego abrió los labios y recibió la sandía fría.

Marisa, de puntillas y con los ojos entrecerrados, le preguntó:

—¿Está dulce?

Rubén asintió con firmeza.

—Sí, muy dulce.

Al oír su respuesta, Marisa se sirvió un trozo para ella. Con una expresión de puro deleite, se lo llevó a la boca y, en cuanto tocó su lengua, exclamó sorprendida:

—¡De verdad está muy dulce!

Rubén, al verla tan satisfecha, sonrió abiertamente.

—Por muy dulce que esté, no es tan dulce como tú —murmuró.

Marisa estaba tan concentrada en comer la sandía que no se dio cuenta de lo que Rubén había dicho.

Se llevó un segundo trozo a la boca y solo entonces, confundida, levantó la vista y preguntó:

—¿Qué dijiste? No te oí bien.

Rubén se encogió de hombros.

—Si no lo oíste, no lo repetiré. Si digo estas cosas demasiado a menudo, podrías pensar que no soy sincero.

Así era. Su amor era tan desbordante que temía que Marisa lo considerara falso.

Marisa hizo un puchero y bufó.

—Si no quieres decirlo, no lo digas.

Así, siguieron caminando y comiendo sandía.

Marisa le daba un bocado a Rubén y luego comía uno ella.

A lo lejos ya se veía el crucero atracado junto al Río Sombrío. De repente, Rubén soltó:

—Marisa, ¿sabes una cosa? Hoy es el día más feliz de mi vida.

Marisa estaba confundida.

—¿Por qué tan feliz? ¿Cerraste algún negocio?

Rubén negó con la cabeza.

—No.

Capítulo 591 1

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