Sabrina temblaba de rabia. Hasta sus labios vibraban ligeramente.
Marisa era su prima más querida, una niña buena y obediente desde siempre. Ni siquiera tuvo una fase de rebeldía en la adolescencia. Tenía un talento excepcional para la pintura y en los estudios siempre fue la hija que todos los padres querrían tener. Una joven tan buena, que nunca le haría daño a nadie.
Después de tanto esfuerzo por salir de ese infierno que era la familia Loredo, había encontrado a un hombre que la adoraba. Parecía que todo por fin iba a mejorar, y ahora aparecía de la nada la familia Cruz para arruinarlo todo.
Si de verdad usaban una vieja promesa para chantajear a los Olmo, entonces la familia Cruz no tenía ni una pizca de decencia.
Sabrina dijo con voz temblorosa: —Una cosa es que le quieran quitar al marido, ¡pero por qué meterse con Jasmine! ¡Esto es querer aniquilarla!
Claudio le puso una mano en el hombro, temiendo que se enfermara del coraje. —No ganas nada si te pones así.
Pero Sabrina estaba furiosa y nadie podía consolarla. Golpeó la mesa con fuerza. —¡No me lo puedo creer! Incluso si los Cruz son unos descarados y los Olmo unos cobardes, ¿acaso Rubén va a permitir que Jasmine caiga en manos de Macarena? ¡Eso sería jugar muy sucio!
Jasmine era el fruto del esfuerzo de Marisa. La había sacado adelante a través de muchas dificultades y, con el tiempo, se había convertido en algo a lo que no podía renunciar.
Gonzalo resopló. —Son quinientos millones de inversión. Si Rubén de verdad se porta como un patán, ¡nosotros podemos juntar ese dinero!
Claudio lo apoyó. —¿Por qué no? Invertir es invertir. De hecho, a mí me interesa invertir en Jasmine.
Cristian lo pensó y añadió: —Para Macarena, Jasmine es prescindible, pero insiste en acorralarla y hacer algo tan inmoral. Aunque no tuviera pensado invertir en Jasmine, ahora tengo que hacerlo. ¡Esto es el colmo!
Claudio llevó a Sabrina a saludar a los señores Olmo. Valentina parecía haber envejecido diez años en una noche. La mitad de su elegancia y distinción de siempre se había desvanecido, y su ceño fruncido revelaba la profunda angustia que le causaban estos tiempos difíciles.
Como prima de Marisa, ver a Valentina tan demacrada le dio a Sabrina un extraño consuelo. Sabía que no estaba bien sentirse aliviada por el sufrimiento ajeno, pero su perspectiva era diferente. El estado de Valentina demostraba que en la familia Olmo todavía quedaba algo de humanidad.
—¿Cómo está Marisa? —preguntó Sabrina, preocupada.
Valentina suspiró suavemente. —Ayer le bajó la fiebre después de tomar la medicina, pero por la noche le volvió a subir. La enfermedad va y viene, y no podemos estar tranquilos.
Sofía añadió con un suspiro: —Anoche, la señora Olmo pasó media noche al lado de la cama de la joven señora. Fue el señor Olmo quien tuvo que convencerla de que fuera a descansar. Esta enfermedad de la joven señora nos tiene a todos con el corazón en un puño.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...