Entrar Via

El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 673

Pero Sofía sabía ubicarse perfectamente; tenía muy claro de qué cosas debía preocuparse y de cuáles no.

Aun así, pasara lo que pasara, Sofía quería decir unas palabras a favor de Marisa.

El elevador bajaba hacia el estacionamiento subterráneo. Una vez adentro, Sofía habló despacio:

—Señora, aunque la familia Páez es una familia común en Clarosol, don Víctor es un funcionario honesto de la fiscalía y doña Yolanda es una mujer culta. No serán millonarios, pero son gente muy decente. Y Marisa, esa niña es un tesoro difícil de encontrar. No anda peleando ni compitiendo a lo tonto; es tranquila y fina como una joya. Cuando el joven le dio Jasmine, ella se dedicó en cuerpo y alma a la empresa, sin dudarlo ni un segundo. Hasta yo, que soy una vieja, sé lo mucho que ha logrado Jasmine este año. De verdad que es una muchacha increíble...

Valentina agitó la mano.

—Sofía, ya sé a qué vas. No necesitas hablarme maravillas de Marisa; es mi nuera, ¿crees que no sé lo buena que es?

Sofía sonrió apenada.

—Señora, qué bueno que lo sepa.

Valentina tomó la mano de Sofía.

—Lo sé, claro que lo sé. Ay, pero estas cosas son asunto de Rubén y Marisa, y nadie más puede meterse.

***

Los fuegos artificiales de Nochebuena estallaban en el cielo nocturno de Clarosol.

Uno tras otro, hermosos y deslumbrantes, adornaban la noche de manera espectacular.

Pero cuanto más brillaba el exterior, más se llenaba el corazón de Marisa de una extraña nostalgia.

La fiebre alta iba y venía, manteniéndole los ojos húmedos constantemente.

Cada vez que tosía, aunque fuera despacio, sentía un tirón doloroso en el abdomen.

Se recostó en la almohada blanca, mirando de reojo el resplandor de la pirotecnia. Durante la cuenta regresiva para el Año Nuevo, los fuegos artificiales se volvieron más intensos y brillantes.

Incluso dentro de la habitación del hospital, Marisa podía sentir el alboroto y la alegría de afuera.

Solo que, entre más ruido y felicidad había allá afuera, más sola se sentía ella por dentro.

En medio del silencio del mundo.

La nostalgia y los sentimientos de Marisa finalmente encontraron una salida.

Luchó por levantarse de la cama, pero descubrió que no tenía fuerzas, como si estuviera atrapada en una pesadilla.

El hombre se acercó apresuradamente, se inclinó y depositó un beso suave en su frente.

El aliento cálido, el familiar aroma a madera y pino... cada respiración llenaba a Marisa de una alegría inmensa.

—¡Rubén! ¿Regresaste?

Marisa abrazó su espalda con incredulidad, confirmando esa calidez que había perdido por tanto tiempo.

Su espalda se sentía un poco más delgada que antes.

Parecía que Rubén había adelgazado incluso más que ella.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló