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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 915

Esbozó una sonrisa nostálgica.

—No ha sido nada. Los que de verdad han sufrido son ustedes dos.

Marisa negó con la cabeza.

—No, Valentina. En todo este tiempo, quien peor la ha pasado no he sido yo, ni siquiera Rubén. Ha sido usted.

La miró a los ojos, sintiendo un profundo dolor empático.

—Durante la enfermedad de Rubén, seguramente pasó noches enteras culpándose, preguntándose si hizo algo mal para que su hijo enfermara a una edad tan joven. Pensar en todo eso debió ser un tormento insoportable. El dolor físico, por terrible que sea, a veces encuentra alivio, pero el dolor en el alma de una madre es una tortura que parece no tener fin.

Valentina se quedó inmóvil en el umbral de la puerta, temblando ligeramente.

Después de un largo silencio, dejó escapar un profundo suspiro mientras una lágrima gruesa rodaba por su mejilla.

Se la secó rápidamente, intentando sonreír.

—Dicen que las hijas son el refugio de sus madres, y mi gran arrepentimiento en esta vida fue no tener una niña. Los sentimientos que llevo guardados en mi pecho, Carlos no lograría descifrarlos ni viviendo cien años, y tú... tú lo viste todo con solo mirarme.

Marisa le dedicó una sonrisa cálida y reconfortante.

—Valentina, todo está mejorando. Ya no tiene que guardarse ese dolor. Todo va a estar bien.

—Gracias, mi niña —respondió Valentina, conmovida.

Marisa le guiñó un ojo con complicidad.

—Me encantaría que se quedara conmigo, pero sé que no ha pegado ojo en semanas. Esta noche, por favor, vaya a descansar bien.

Valentina salió de la habitación de Marisa y suspiró frente a la puerta blanca. Si tan solo esa palabra "Valentina" volviera a ser "mamá" como antes, entonces todo sería verdaderamente perfecto.

—Mamá, ¿podrías dejar de hablar de eso?

Estela se hizo la ofendida de inmediato.

—¡Mira nada más cómo me contestas! Ya creciste y no respetas a tu madre. ¿Acaso te estoy deseando el mal? En el pueblo todos andan diciendo que te fuiste de ofrecida con un jefe enfermo. ¡Tu reputación está arruinada! Si no te quedas con ese hombre, ¿crees que al volver vas a poder conseguir un buen marido? Si no aseguras tu futuro ahora, ¿qué vas a hacer cuando seas vieja y ya no puedas conseguir nada?

Mónica, ya sin energía, respondió con apatía.

—Mamá, hay cosas que no se consiguen solo porque las planees.

Estela se rio con desdén.

—Conozco muy bien lo hermosa que es mi hija. Los hombres son todos iguales, no hay uno que no caiga con un buen coqueteo. Tu hermano entra a la preparatoria el año que viene, y siempre nos reprocha que te consentimos más porque tú estás en el extranjero y él atrapado en el pueblo. ¡Nuestra familia ha sacrificado mucho por ti! Si no le devuelves el favor a tu hermano, habremos gastado a lo tonto en mantenerte, ¡y tu padre se habrá muerto en vano!

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