Esa noche, el silencio en la habitación de Alejandra era una entidad densa y pesada. La única luz provenía de una pequeña lámpara de escritorio que arrojaba un círculo dorado sobre la superficie de madera pulida.
Dentro de ese círculo de luz, sobre un paño de terciopelo negro que había sacado del fondo de un joyero, yacían los restos del molcajete.
Con la delicadeza de un arqueólogo restaurando una reliquia, Alejandra intentó unir los pedazos. Sus dedos trazaron las líneas de fractura, buscando uniones que ya no existían. El corazón del cuenco, partido en dos. La pata, separada limpiamente de la base. Las astillas afiladas, como dientes rotos.
Era imposible. La herida en la piedra era definitiva.
Cerró los ojos y, sin quererlo, un recuerdo la golpeó con la fuerza de una ola.
Estaba en la cocina de su casa en Oaxaca, mucho antes de los Estevez, mucho antes de la jaula dorada. Tenía apenas diez años. Su padre le entregó el pequeño molcajete, sus manos grandes y cálidas cubriendo las suyas.
—Esto es fuerte, mi Ale —le dijo, su voz una mezcla de orgullo y ternura—. Está hecho del corazón de un volcán. Es como nuestra familia, fuerte por dentro. Cuídalo siempre.
El recuerdo no la hizo llorar. Las lágrimas se habían secado en el pasillo de la escuela. En su lugar, el dolor se calcinó, transformándose en algo más duro, más frío.
Se reclinó en su silla, la madera crujiendo en el silencio. Sabía que una confrontación física sería inútil. Un puñetazo en la cara de Sofía le daría un segundo de satisfacción, pero no repararía nada. Quejarse con los directores o con Don Guillermo resultaría en un castigo superficial, una suspensión, una disculpa falsa que solo alimentaría más el odio de Sofía.
No. Eso no era justicia.
El castigo debía ser proporcional al crimen. Sofía no había roto solo una piedra. Había intentado romper su espíritu, su conexión con su pasado, su herencia. Había atacado el legado de su padre.
Por lo tanto, la venganza no podía ser un simple acto de represalia. Tenía que ser una demolición.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...