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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 360

La puerta de la suite se cerró, y el sonido del cerrojo encajando fue un eco metálico y solitario.

Cárdenas se había ido.

La cacería había comenzado.

Ricardo se quedó de pie en medio de la habitación, su cuerpo vibrando con la energía residual de la furia.

El silencio que quedó era diferente. Ya no era el silencio tenso de la confrontación. Era un vacío.

Un abismo que se había abierto entre él y la mujer que lo observaba desde el sofá.

Lentamente, se giró para mirarla.

Por primera vez, no supo qué decir.

Las palabras que formaban su universo —órdenes, contratos, negociaciones— eran inútiles.

"Lo siento".

La frase apareció en su mente, patética y diminuta.

Una palabra demasiado pequeña para el océano de ruina que su familia había creado. Una curita para una herida de bala.

La miró.

Vio la calma en su rostro. La ausencia de lágrimas.

No vio a la víctima que su culpa necesitaba consolar.

Vio a una jueza. Silenciosa. Esperando.

Y se dio cuenta de que no había palabras. Solo acciones.

Con un movimiento que pareció costarle cada gramo de su orgullo, cada fibra de su arrogancia, dio un paso.

Y otro.

Hasta que estuvo frente a ella.

Y entonces, el hombre que había construido un imperio, el magnate que hacía temblar a sus rivales con una sola mirada, el heredero del apellido Estevez…

Se arrodilló.

El gesto fue impensable. Cataclísmico.

Las rodillas de su pantalón de diseñador tocaron la alfombra de seda con un sonido sordo.

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