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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 361

El lugar no tenía nombre.

No estaba en los mapas de Google. No tenía una dirección postal.

Era un "activo no registrado" de Grupo Estevez, una oficina segura en el sótano de un edificio anónimo en la colonia Juárez.

Paredes de concreto pulido. Muebles minimalistas. Y tecnología de punta.

Se había convertido en su cuarto de guerra.

Durante una semana, ese espacio estéril fue el crisol donde la culpa de Ricardo y la furia helada de Alejandra se forjaron en un arma.

Habían contratado al mejor equipo que el dinero podía comprar, operando bajo acuerdos de confidencialidad tan blindados que harían llorar a un espía.

Un analista financiero que había trabajado para la DEA rastreando cárteles.

Una abogada penalista conocida como "La Hiena" por su habilidad para desmembrar testigos.

Y un hacker que se hacía llamar "Cerbero" y que podía abrir las bóvedas digitales más seguras del mundo.

Trabajaban en secreto, como fantasmas.

Alejandra y Ricardo se sentaron a la cabecera de la mesa de conferencias de metal pulido.

Frente a ellos, una pared entera era una pantalla inteligente, cubierta de diagramas de flujo, árboles genealógicos corporativos y fotos de rostros sonrientes que ahora parecían máscaras mortuorias.

La cara de Don Guillermo. La de Fausto Luján. La del patriarca de la familia Morales.

Era un mapa de la podredumbre.

—La investigación de Cárdenas confirmó todo —dijo Ricardo, su voz era un eco metálico en la sala—. El Dr. Benítez, el forense, está bajo nuestra protección en un lugar seguro. Su testimonio grabado es la bala de plata legal.

Señaló un punto en la pantalla.

—Cerbero encontró la orden administrativa original, firmada por Luján, en un servidor antiguo del hospital. La tenemos.

Alejandra asintió, su rostro era una máscara de concentración.

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