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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 375

El Panteón Francés de la Piedad era un santuario de silencio en el corazón del caos de la Ciudad de México.

Los mausoleos de mármol y cantera, adornados con ángeles llorosos y cruces de filigrana, se alzaban como pequeños palacios para los muertos.

El aire, espeso por el aroma de las flores y la tierra húmeda, parecía amortiguar los sonidos del mundo exterior.

Alejandra caminaba por los senderos de grava, sus pasos eran el único sonido en la quietud de la tarde.

No vestía de luto.

Llevaba un sencillo vestido de lino blanco, el color de la paz, no del dolor.

En sus manos no llevaba un ramo de rosas compradas en una florería de lujo.

Llevaba un manojo de cempasúchil, la flor de los muertos, sus pétalos de un naranja tan intenso que parecían retener la luz del sol.

Su padre amaba el cempasúchil.

Decía que olía a la memoria de la tierra.

Se detuvo frente a una lápida de granito negro, pulida hasta brillar como un espejo oscuro.

El nombre grabado en ella era simple, sin títulos, sin adornos.

ROBERTO ROBLES. AMADO PADRE.

Alejandra se arrodilló lentamente, la grava crujiendo bajo sus rodillas.

Con un cuidado infinito, colocó las flores de cempasúchil en el pequeño jarrón de piedra, sus pétalos de fuego contrastando con la solemnidad oscura de la tumba.

Luego, sacó un periódico doblado de su bolso de tela.

Era el diario financiero más importante del país.

Lo desdobló. La foto de la primera plana no era de un político ni de un magnate sonriente.

Era la imagen granulada de Santiago Morales, el padre de Adrián, siendo escoltado por agentes federales, con el rostro desencajado por el shock.

El titular, en letras grandes y negras, era una sentencia.

"CAE EL IMPERIO MORALES: ARRESTADO POR ASESINATO Y FRAUDE".

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