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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 46

El vino tinto se aferró a la tela blanca del esmoquin de Mateo como un depredador. No fue una simple salpicadura; fue una invasión.

La mancha, inicialmente un círculo oscuro y definido, comenzó a extenderse con una rapidez alarmante, sus bordes deshilachándose en venas púrpuras a medida que el tejido poroso de algodón y seda bebía el líquido con avidez.

Era un desastre espectacular y muy público. El blanco puro del traje actuaba como un lienzo, haciendo que la mancha pareciera aún más grande, más oscura, más catastrófica de lo que era.

—¡Oh, Dios mío, Mateo, no te muevas! —La voz de Alejandra estaba llena de un pánico perfectamente calibrado.

Un mesero, entrenado para responder a crisis de catering con la velocidad de un paramédico, se materializó a su lado con un paño blanco y un sifón de agua mineral.

—Permítame, joven Estevez.

Mateo, todavía en shock, apenas registró la presencia del mesero. Su mente estaba en cortocircuito. Miraba la mancha floreciente en su pecho como si fuera una herida mortal.

El mesero comenzó a dar toques suaves en los bordes de la mancha, un intento heroico pero inútil de contener la catástrofe. Pero la tela ya estaba saturada. Cada toque del paño húmedo solo parecía empujar el pigmento del vino más profundamente en las fibras, transformando la mancha roja en un hematoma púrpura y húmedo.

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