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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 48

Tan pronto como la espalda de Mateo desapareció por el pasillo, el dique de la cortesía se rompió y un torrente de susurros inundó el salón. El incidente era demasiado jugoso, la víctima demasiado prominente, para ser ignorado.

Alejandra permaneció en el epicentro del chisme, su rostro todavía mostrando la cantidad justa de preocupación y remordimiento. Jugaba su papel a la perfección, disculpándose con los invitados más cercanos.

—No puedo creer lo torpe que he sido. Pobre Mateo, su traje era tan elegante.

A su alrededor, la conversación bullía.

Un grupo de empresarios mayores observaba la escena con cinismo.

—¿Viste eso? Pobre chico —dijo uno, con más diversión que simpatía.

—Pobre traje, querrás decir —respondió otro, un hombre con un reloj que costaba más que un coche—. Se supone que es un Tom Ford de la nueva temporada. Hecho a medida. Una pieza única en blanco. Acaba de convertir veinte mil dólares en un trapo de cocina.

En otro círculo, un par de socialités analizaban la situación con la precisión de cirujanas.

—Qué desastre. Y justo al principio de la noche. Tendrá que irse a casa.

—Ojalá. ¿Te imaginas tener que pasar el resto de la gala pareciendo que te han apuñalado con una botella de Merlot?

Alejandra escuchaba atentamente, moviéndose sutilmente de un grupo a otro, siempre con su expresión de disculpa. Vio a la famosa coleccionista de arte, la señora de la Garza, observando el pasillo por donde Mateo había desaparecido. Era su momento.

Se acercó a la mujer, su voz era un susurro confidencial.

—Señora de la Garza, me siento terrible. Espero que la mancha salga. He oído que esas telas europeas a veces son increíblemente delicadas.

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