La guerra, después de la batalla campal de la gala, no continuó con gritos ni confrontaciones. Se instaló en un silencio gélido, una tregua tensa que impregnaba cada rincón de la mansión Estevez. Pero la paz, como Alejandra sabía muy bien, era solo el preludio de un asalto mucho más grande y en un escenario mucho más público.
La ofensiva de Natalia no tardó en llegar, y lo hizo con la sutileza de una campaña militar.
De la noche a la mañana, el rostro de Natalia Fuentes inundó la Ciudad de México. Estaba en los costados de los autobuses que recorrían Reforma, su sonrisa profesional mirando a los peatones. Estaba en espectaculares gigantescos sobre el Periférico, sosteniendo un plato de comida tan oscuro como sus intenciones. Su imagen se apoderó de las redes sociales, en anuncios patrocinados que interrumpían videos y noticias, su voz aterciopelada anunciando su regreso triunfal.
La campaña era para el "Festival Sabor a Polanco", el evento gastronómico más prestigioso del año, un cónclave de chefs estrella, críticos culinarios y la élite adinerada de la ciudad. Y este año, Natalia no era solo una participante. Era la reina.
"Natalia Fuentes, la joya de la cocina mexicana moderna, presentará en vivo su creación insignia: el Mole Negro Emperatriz", rezaban los titulares.
La noticia se materializó en la mesa del desayuno de la mansión con la arrogancia de un hecho consumado. Natalia deslizó una revista de sociales sobre la mesa, abierta en una página doble que mostraba una foto suya, impecable y radiante.
—Qué sorpresa —dijo, su tono era cualquier cosa menos sorprendido—. Parece que voy a estar un poco ocupada las próximas semanas. El comité del festival ha sido tan… insistente.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...