La fonda "El Sazón de Elodia" estaba a oscuras, cerrada al mundo exterior. El letrero de "Cerrado" colgaba en la puerta, pero dentro, una única bombilla desnuda iluminaba la escena, convirtiendo el humilde comedor en una sala de guerra. Las sillas estaban apiladas sobre las mesas, creando un espacio abierto en el centro.
Alejandra y Elena estaban de pie, una frente a la otra. El aire estaba cargado de una mezcla de nerviosismo y determinación.
—De acuerdo, una vez más —dijo Alejandra, su voz era la de una directora de escena—. Yo soy el presentador del festival. Tú eres una espectadora. Natalia acaba de terminar su gloriosa presentación. El presentador abre el micrófono para preguntas del público.
Alejandra adoptó una postura diferente, una sonrisa profesional y un tono de voz entusiasta. —¡Increíble, chef Fuentes! ¡Simplemente increíble! Una verdadera clase magistral. Abriremos el micrófono para un par de preguntas de nuestros afortunados asistentes. ¿Alguien tiene alguna pregunta para la chef?
Elena levantó la mano, un poco temblorosa.
—Sí, la señorita del fondo. Póngase de pie, por favor.
Elena se puso de pie, su rostro pálido bajo la luz amarillenta. Tragó saliva, sus ojos fijos en Alejandra.
—Yo… uhm… yo quería preguntar…
Se detuvo. Las palabras se atascaron en su garganta. Bajó la mirada al suelo de baldosas.
—No puedo —susurró—. Me voy a congelar. Todos me estarán mirando. ¿Y si me río? ¿Y si me pongo a llorar? Pareceré una loca.
Alejandra rompió el personaje. Se acercó a Elena y le puso las manos en los hombros. Su agarre era firme, tranquilizador.
—Elena, mírame.
Elena levantó la vista, sus ojos llenos de duda.
—No pienses en el público. No existen. No pienses en las cámaras. No existen. Solo hay una persona en esa multitud. Ella. Natalia Fuentes. La mujer que te robó.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...