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El juguete del abogado romance Capítulo 2

—No me acuesto con prostitutas.

De nuevo esa palabra.

Estefanía sentía que su corazón se hundía en un abismo de desolación.

Prostituta.

Prostituta.

Estaba segura de que sus padres no hubieran querido que se convirtiera en eso.

Cerró los ojos conteniendo las lágrimas.

Llegó a este departamento sin preparación.

Ella no sabía cómo seducir a un hombre.

Pensó que su aspecto bastaría, pero estaba equivocada.

Lo miró de nuevo.

Esta era su mejor oportunidad.

Él estaba muy cerca. Demasiado. Solo necesitaba estirar los dedos y...

El hombre no se inmutó, aunque alzó una mano temblorosa hacia él, acariciando su mejilla antes de pararse de puntillas.

Rozó los labios masculinos.

Ese era su primer beso.

Ella no sabía qué más hacer.

Él no mostró respuesta, y ella se quedó allí, suspendida. Sintiendo que su corazón estaba a punto de salir de su pecho.

Pasaron los segundos y nada.

Se alejó cabizbaja.

Todo se había arruinado.

Asintió y quiso soltarse para ir por su abrigo y abandonar el departamento cuanto antes.

Fue entonces cuando el hombre la tomó de la barbilla de imprevisto. Sus dedos se enterraron en su piel, lastimándola.

Su mandíbula se tensó y entonces se apoderó de su boca.

Le dio un beso de verdad.

Lo que ella había hecho hacía unos segundos era un juego de niños comparado con esto.

Gimió contra su boca.

El sonido que salió de entre sus labios fue completamente nuevo. Sorpresivo.

—¿Te hiciste el examen de ETS? —La arrojó al sofá. El impulso la desestabilizó al instante, haciendo que su cuerpo cayera de espalda, rebotando sobre el mueble.

Ella lo miró con los ojos desorbitados. Se refería al examen para verificar que no tuviera ninguna enfermedad de transmisión sexual.

—Responde la pregunta. ¿Estás limpia?

—Sí… —alcanzó a decir con dificultad.

El hombre se quitó el saco con extremada lentitud, poniéndose cómodo.

Sus ojos la miraban desde arriba, de una forma en que la hacían sentir expuesta y vulnerable.

Justo ahora se sentía como un cervatillo incapaz de huir del lobo hambriento que amenazaba con devorarla.

Sintió los nervios aflorar de nuevo en su carne.

Esto iba a suceder.

Trató de centrar su mente, recordando todos los consejos de su amiga Carolina: «No te tenses —le había dicho ella—. Trata de relajarte, así te dolerá menos».

Inhaló y exhaló varias veces.

—Ven aquí.

El hombre flexionó el dedo índice, llamándola.

No supo la razón, pero ese gesto le hizo sentir como si fuera una mascota.

—De rodillas —ordenó.

Sus piernas se doblaron sin fuerzas. Sintió el frío del mármol contra sus rodillas desnudas. La sensación le envió un escalofrío por todo el cuerpo, recordándole que, en estas circunstancias, no era más que un objeto que estaba a punto de ser usado.

Ella nunca había pensado en cómo quería que fuera su primera vez. Ni siquiera había considerado la idea de tener un novio. Pero ahora estaba aquí, ante este hombre que no parecía tener la menor intención de ser delicado.

—Se nota que quieres el dinero —la voz de él se volvió más ronca, mientras se desabrochaba el cinturón con la otra mano—. Entonces gánatelo bien.

Abrió los ojos de forma desmesurada.

«¿Qué se suponía que debía hacer?»

Nunca había visto una cosa de esas tan cerca.

El hombre se bajó el pantalón y el bóxer de un tirón, liberando el miembro grueso y erecto justo frente a su rostro.

La punta del mismo brillaba.

Su nariz rozaba aquel bulto grueso que parecía crecer más y más con cada segundo.

Tragó saliva ante el impacto.

Esa cosa era grande. Demasiado grande.

Capítulo 002 1

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