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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 121

—Vine corriendo al hospital en cuanto supe que había despertado. Perdón por la tardanza, tenía que terminar un último compromiso —dijo Vanessa con una sonrisa dulce como la miel.

Y no mentía. En cuanto recibió la noticia, Vanessa se dirigió al hospital, impecablemente arreglada y con la sonrisa que había ensayado antes de bajarse del auto.

Traía las manos llenas de bolsas de una farmacia reconocida. En una llevaba CoQ10 y Omega-3, vitaminas supuestamente buenas para la presión arterial, junto con una caja de té herbal sin cafeína. En la otra, un ramo de lirios blancos, los favoritos de Kate.

—Voy a acomodar estas flores en la esquina. Todavía te gustan, ¿verdad? —preguntó Vanessa sin que la sonrisa le flaqueara.

—No tenías que molestarte —respondió Kate con frialdad. Ni siquiera miró los regalos que Vanessa traía. Visitas como esas solían reconfortarla. Pero últimamente, sin poder precisar desde cuándo, todo se sentía distinto. Como si un muro invisible se hubiera levantado entre ellas, uno que no se podía derribar tan fácil.

—No es ninguna molestia —dijo Vanessa mientras se entretenía con el ramo—. Solo espero que mamá cuide más su salud. Y si necesita algo, por favor no dude en decirme.

Felicia, sentada en un sofá pequeño junto a la ventana, se volteó con brusquedad. Entrecerró los ojos al posarlos sobre Vanessa, sorpresa mezclada con algo más afilado.

—¿Acabas de decirle eso... a mi madre?

—¿Qué tiene de malo? —Vanessa se echó un mechón liso de cabello hacia atrás—. Soy parte de la familia Callister, ¿no? Lo mínimo que puede hacer una nuera es cuidar a su suegra, sobre todo en estas circunstancias.

—Qué encantadora —dijo Felicia con una sonrisa peculiar, sin disimular el sarcasmo. Desde que Vanessa entró, el ambiente se había vuelto tenso y desagradable. Felicia no había olvidado cómo su cuñada las había tratado, tanto a ella como a su madre, antes de esto.

—Si en serio entendieras tu lugar en esta familia —continuó—, no pasarías más tiempo allá afuera que en casa. ¿Cuándo fue la última vez que visitaste a mi mamá?

Bajó la mirada al reloj que llevaba en la muñeca y añadió:

—Siempre estás demasiado ocupada con tu agenda. Francamente, parece que te importan más tus apariciones públicas que Daven. Mi pobre hermano... abandonado por su amorosa esposa.

—Jamás he abandonado a mi esposo, Felicia —respondió Vanessa con la voz agitada por la emoción—. Si no sabes nada de nosotros, deja de hablar como si supieras.

Felicia se rio con sequedad.

—¿Yo? ¿Hablando como si supiera? —Se acercó, olvidando que ella y Vanessa alguna vez fueron tan cercanas como hermanas—. Si tu matrimonio está tan bien, entonces ¿por qué hay tantos reporteros amontonados en el vestíbulo del hospital? Los invitaste tú, ¿no?

Kate desvió la mirada, incómoda.

—¿Eso es cierto?

Vanessa, de pie junto a la cama de Kate, dejó escapar un largo suspiro.

—¿Para qué llamaría a la prensa? Si los medios se enteraron de que estaba aquí, ¿qué puedo hacer? Usted sabe lo expuesta que estoy al público, ¿no?

Kate le lanzó una mirada breve pero cortante.

—Tu fama no me interesa. Y asegúrate de que cualquiera que quiera cubrir tu historia se mantenga lejos de mí.

Su voz fue tajante; más que una advertencia, fue una orden.

—¿Qué quieres que haga? —respondió Vanessa, tratando de mantener la compostura—. Es el precio que pago por ser quien soy. No puedo controlar a cada uno de ellos.

Vanessa se tensó, negándose a ceder.

—Porque ellos son los que me hicieron quien soy.

—¿Daven no te ha dado todo lo que necesitas? —preguntó Kate, moviéndose incómoda en su asiento. El solo hecho de hablar con Vanessa la agotaba—. Yo diría que mi hijo es más que capaz de financiar tu estilo de vida tan glamuroso.

Vanessa apretó la mandíbula. En el fondo, sabía que Kate no estaba equivocada. Pero aun así...

—Si Daven en serio hubiera hecho todo eso por mí, habría tenido que tirar a la basura todo lo que construí desde cero, ¿no? —Su voz se afiló, amarga—. Y me tratarían igual que a esa mujer. Jamás voy a rebajarme a eso. Jamás voy a vivir como alguien tan patética.

Kate parpadeó, atónita. ¿Por qué Vanessa mencionaba a Althea?

—¿De qué estás hablando? Tus ideas van de un lado a otro, Vanessa.

Vanessa no quiso seguir. Sabía exactamente adónde llevaría esa conversación: al deseo de Daven de tener un hijo. No. Eso no. No estaba lista para hablar de eso. Un hijo descarrilaría todo lo que había logrado. Peor aún, un hijo podría alejar a Daven todavía más.

—Esto no tiene caso —dijo Vanessa, poniéndose de pie de golpe—. No tiene sentido seguir con esto.

Tomó su bolso, compuesta pero fría.

—Descanse. El asistente de mi padre debería llegar pronto. Me pidió que le avisara en persona: va a haber una cena familiar pronto. Ya ha pasado un buen tiempo, ¿no? —Forzó una sonrisa—. Espero que para entonces se sienta mejor.

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