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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 122

—Esto es agotador —murmuró Vanessa mientras seguía caminando. Lo único que había querido era transmitir el mensaje de Theo Blake, el de su padre.

Eso era todo.

Y su agenda oculta terminó en fracaso total. Había intentado ser educada, incluso un poco cálida, con su suegra. No quería que las cosas terminaran así, pero...

—¿Por qué esa mujer se vuelve más insoportable con los años? —Refunfuñó entre dientes.

Vanessa iba a paso firme por el pasillo hacia el ascensor cuando escuchó a Daven detrás de ella, frío.

—No salgas por el vestíbulo.

Se detuvo y giró lentamente para mirarlo.

—¿Acabas de llegar? —preguntó, con una amplia sonrisa, como si nada hubiera pasado—. Estaba con tu mamá, pero ahora tengo que ver a los report...

—Deberías irte a casa —la interrumpió Daven con tono firme—. Cancela la entrevista.

—¿Por qué? —preguntó, levantando las cejas.

—¿En serio me lo preguntas? —Daven se acercó un paso, con la mandíbula tensa—. ¿En serio quieres montar un espectáculo en este hospital? ¿Dejar que los medios husmeen y publiquen sobre el estado de mi madre?

Vanessa sonrió con deliberación.

—Yo no los llamé. Y además, no es algo que pueda evitar. La verdad, creo que deberíamos hablar con ellos. Juntos. ¿No sería mejor que apareciéramos unidos frente a ellos, cariño?

La mirada de Daven se ensombreció.

—No me mientas.

El silencio cayó entre ambos. Se quedaron frente a frente, la tensión al límite, midiendo qué decir a continuación. Al final, fue Vanessa quien habló primero.

—¿Y si los llamé? ¿Qué tiene de malo? Solo quieren algo positivo que reportar. Les di un par de datos para calmar las cosas. Ya sabes... sobre nosotros.

—¿Calmar las cosas? ¿Sobre nosotros? —Daven se rio con sequedad, sin rastro de humor—. Hablas como si fuéramos una campaña de relaciones públicas. Como si este matrimonio fuera un titular que hay que manejar. Una historia de papel, sin nada debajo. Vacía. Hueca.

Vanessa se acercó.

—Precisamente porque empieza a sentirse hueco, estoy intentando que parezca entero otra vez. —Se le quebró la voz, aguda y tensa—. ¿Tienes idea de lo difícil que es explicarle a la gente por qué mi esposo nunca está conmigo? ¿Por qué no contesta mis mensajes? ¿Por qué falta a cada cena, cada evento, cada reunión familiar, prefiriendo ese maldito proyecto por encima de todo?

Había alzado la voz lo suficiente para atraer miradas. Un par de enfermeras que pasaban bajaron la vista y se alejaron a prisa.

Vanessa abrió los labios para responder, pero no dijo nada.

—Antes eras... diferente —continuó Kate con suavidad—. Sabías cuándo hablar frente a la gente y cuándo mantener tu vida en privado. ¿Pero ahora? Estás exhibiéndote todo el tiempo. Dime, ¿en serio haces todo esto por Daven? ¿O solo lo haces por ti misma?

El silencio se espesó en el pasillo otra vez.

—Mamá, vamos a llevarte de vuelta a tu habitación —dijo Daven, haciéndole una señal a Felicia para que la ayudara—. Voy detrás de ustedes.

Cuando se fueron, Daven se volvió hacia Vanessa. Su voz era calmada, pero con un peso difícil de ignorar.

—Si todavía quieres aferrarte a lo que queda de este matrimonio, deja todo esto. Suelta la supuesta popularidad. Vuelve a ser la mujer que alguna vez tuvo un lugar en el corazón de mi madre... o en el mío.

Hizo una pausa.

—Tal vez, solo tal vez, todavía estaría dispuesto a darte una segunda oportunidad.

Vanessa cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, sonrió, casi con burla.

—¿Dejar todo? ¿Te refieres a lo que construí desde cero? —Soltó una risa sin humor—. No es tan sencillo, Daven. ¿Y por qué tendría que necesitar una segunda oportunidad? ¿Qué fue lo que hice mal?

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