Capítulo 303
Esa mañana, el cielo sobre Aethelis tenía un tono gris apagado cuando el auto negro de Chase se detuvo frente al imponente edificio del Grupo Callister. El aire era cortante y frío, pero el peso que sentía en el pecho no tenía nada que ver con el clima: venía de los pensamientos que lo habían acompañado durante toda la última semana.
Aun así, había un pequeño alivio en saber que pronto pasaría a recoger a Josh. El niño había pasado el resto de sus vacaciones escolares en la casa de Daven y, aunque Chase lo extrañaba muchísimo, esa no era la única razón por la que iba ese día: necesitaba ver a Daven primero. Habían dejado un asunto pendiente entre ellos, y era hora de retomarlo.
Cuando llegó al último piso, la asistente de Daven lo recibió con una inclinación cortés.
-El señor Callister sigue en una reunión, pero terminará pronto, señor Miller.
-Entiendo.
-Si gusta, puede esperar en la sala. No tardará - añadió ella con una sonrisa ensayada.
-Bueno -respondió Chase con voz neutra. Sus pasos resonaron con suavidad mientras entraba en la amplia sala de paredes de cristal. Una cafetera zumbaba bajito en una esquina, rodeada de estanterías con un surtido de bebidas pensadas para mantener cómodos a los visitantes mientras esperaban.
Unos minutos después, la puerta se abrió. Daven entró con un traje gris, el gesto tranquilo e impenetrable como siempre.
-¿Chase? -Arqueó las cejas-. Apareciste sin avisar. ¿Qué pasa? Pensé que estabas hasta el cuello con los preparativos del nuevo ciclo escolar.
Daven se sentó frente a él.
-¿Te molesta que pase a verte sin avisar? - preguntó Chase con tono casual.
Daven se rio.
-¿Tengo cara de que me moleste?
La risa compartida aligeró un poco el ambiente.
-¿Cómo está Josh? No te está dando dolores de cabeza, ¿o sí? -preguntó Chase, dando un sorbo al café que la asistente acababa de traerle-. ¿Y dónde está Arven? No lo he visto por aquí.
-Lo mandé a reunirse con el equipo legal. Surgió algo importante con el departamento -respondió Daven.
Chase asintió, pensativo.
-En cuanto a Josh, ya sabes que no da problemas.
La hemos pasado muy bien con él. Felicia tenía pensado llevarlo a casa mañana en la tarde.
-En ese caso, déjalo regresar conmigo. Es probable que termine mi trabajo mañana en la mañana.
Daven lo miró durante un largo rato. Había algo...
distinto en Chase ese día. Algo que no terminaba de ubicar.
-¿Estás...bien, Chase?
Chase volteó la cabeza despacio, una sonrisa tenue.
-Estoy bien. O al menos, lo estoy por ahora.
A Daven se le frunció el ceño.
-La verdad, hay algo personal de lo que necesito hablarte -dijo Chase en voz baja.
-¿Qué cosa?
Chase le sostuvo la mirada de frente, con los ojos azules claros y penetrantes, del mismo tono que los de Josh. El parecido entre padre e hijo se volvía más innegable con cada día que pasaba.
-Es sobre Althea.
La compostura de Daven se quebró.
-¿Qué pasó? ¿Está bien?
-Está bien -contestó Chase enseguida-. El que no estoy seguro de si voy a estar bien soy yo.
-No empieces a decir estupideces -dijo Daven, con un tono de preocupación en la voz-. Si es por su embarazo, el doctor dijo que ya está estable, ¿no?
Chase sonrió, débil y cansado.
-Tienes razón. ¿Pero qué pasa si ya no puedo asegurarme de eso?
-Chase. -Daven habló con tono cortante-.¿A qué te refieres?
Chase se levantó del asiento y caminó hasta la ventana, con la mirada perdida en el horizonte extendido de Aethelis. Su reflejo en el vidrio se veía lejano, casi como el de un desconocido.
-Me voy a ir -dijo en voz baja-. Y esta vez...
puede que sea por más tiempo del habitual. Ya sabes, negocios en el extranjero.
-¿Por qué me lo dices a mí? ¿En qué me afecta? - preguntó Daven, con tono displicente-. Deberías estar hablando con Althea, no conmigo.
Chase rio con amargura.
-Tienes razón. Debí haber ido con ella, pero por alguna razón los pies me trajeron aquí primero.


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