—Entonces... me retiro —dijo Eli en voz baja.
Miró un instante a Riana y a Nathan antes de inclinarse con cortesía. Al salir del estudio, agregó con voz débil:
—Y gracias... por decirme la verdad.
La puerta se cerró tras ella. Caminó cabizbaja, intentando contener las lágrimas. Apretó el paso por el corredor silencioso hasta doblar la esquina que llevaba a su habitación. Riana permaneció de pie frente a la puerta durante varios segundos, mirando el pasillo vacío con preocupación y ternura.
Sin duda, Eli era la verdadera víctima del engaño que Selena había orquestado.
—Necesita tiempo —dijo Nathan detrás de ella, y le puso una mano en el hombro para reconfortarla—. Dale tiempo. Estoy seguro de que pronto estará lista para hablar otra vez.
Riana asintió. Poco después, Nathan se fue a la oficina. Había asuntos legales que no podían posponerse.
—Todavía tengo muchos asuntos que resolver. Chris también está ayudando en la empresa de Daven.
Riana no lo detuvo. Había responsabilidades que cumplir.
—Maneja con cuidado —le pidió con dulzura.
Al mediodía, la mesa del comedor volvió a estar servida. El personal había preparado un almuerzo ligero, como de costumbre. Esta vez, sin embargo, Althea no había pasado por la cocina; se había dedicado a acompañar a los niños mientras hacían sus exámenes escritos esa mañana.
Grace llegó primero y se sentó.
—¿Dónde está Eli? —preguntó, mirando alrededor.
Josh bajó las escaleras momentos después, algo preocupado.
—Pensé que ya estaría aquí. —Se acomodó en su silla—. Quería preguntarle por uno de los ejercicios de física. Creo que me equivoqué de fórmula.
Althea, que llenaba los vasos de agua, se detuvo un instante. Josh tenía razón. Eli, por lo general, ya estaba en la mesa a esa hora. Se volvió hacia una empleada que acababa de entrar al comedor.
—¿Dónde está Eli?
—La señorita no quiso bajar a almorzar.
La respuesta desconcertó a todos en la mesa, que intercambiaron miradas.
—¿Por qué? —preguntó Grace—. Voy a llamarla, entonces.
Althea intuía por qué Eli había preferido aislarse.
—No hace falta, Grace —dijo con calma.
—¿Por qué, mamá? —Grace la miró confundida y frunció los labios en un pequeño puchero.
—Creo que Eli tiene bastante tarea pendiente —respondió Althea con calma—. Le pediré al personal que le suba el almuerzo.
Grace se quedó pensándolo un momento antes de asentir.
—Está bien.
Poco después, Riana se incorporó al almuerzo. Ocupó su sitio en la cabecera de la mesa y saludó a sus nietos como de costumbre.

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