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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 587

Eli esbozó una sonrisa débil.

—Porque no debería estar aquí.

Lo dijo en voz baja, pero las palabras golpearon como un puñetazo.

—¿Quién te dijo eso?

—Yo. —Las lágrimas le volvieron a correr por las mejillas—. No soy parte de esta familia. No soy la hija de papi Chase. No soy nieta de nadie.

Althea se acercó, pero Eli retrocedió medio paso por instinto.

—Llegué a esta casa por una mentira —continuó, atropellando las palabras—. Me presenté con una identidad que no era mía. Viví dentro de una mentira.

—No fue tu culpa.

—¡Igual fui parte de eso! —Eli alzó la voz, temblando, con el dolor escrito en la cara—. Defendí todo lo que decía mi madre. Me creí todas sus historias. Incluso... me sentí orgullosa. Creí que merecía pertenecer aquí.

Se secó las lágrimas de un manotazo.

—Soy una impostora que ni siquiera sabía que estaba engañando a todos.

Althea se detuvo frente a ella.

—Eli.

Pero la niña siguió hablando, como si temiera desmoronarse en cuanto se detuviera.

—No tengo padre. No tengo madre biológica. No tengo a nadie. Solo soy una niña a la que sacaron de un orfanato para usarla. —Se le entrecortó la respiración—. No merezco vivir en una casa tan grande. No merezco estar aquí con todos ustedes. ¡No soy nadie!

—Basta, Eli.

Althea habló con firmeza, sin levantar la voz. Eli se quedó petrificada.

—Mírame.

Negó y apartó la cara.

—Eli. Mírame.

Despacio, a regañadientes, la niña levantó la cara bañada en lágrimas.

—Ahora respira.

Eli lo intentó, pero su respiración seguía entrecortada.

—Despacio. Inhala... y exhala.

Althea esperó hasta que ella empezó a respirar un poco más tranquila.

—Puedes llorar —dijo—. Pero no hables cuando estás así. Lo que dices... te hace daño.

Eli se mordió el labio para contener otro sollozo.

—No soy nadie —susurró de nuevo.

Althea negó.

—Eres Eli.

—No es suficiente.

—Es más que suficiente.

Eli miró la maleta sobre la cama. Estaba casi lista; solo le faltaba guardar unos cuantos libros.

—No quiero ser una carga para nadie. Si me voy ahora... tal vez todo sería más fácil.

—¿Más fácil para quién?

Eli no respondió.

—Grace perdería a su nueva amiga —continuó Althea—. Josh perdería a su compañera de estudio. Y yo... —Hizo una pausa—. Yo perdería a la niña que se ofrece a ayudarme cada mañana.

Cuando Eli empezó a calmarse, Althea aflojó el abrazo con cuidado y la ayudó a alzar la cara.

—Dime qué quieres.

Eli parpadeó, confundida.

—Yo... no quiero nada. Que ustedes me dejen quedarme en esta casa ya es una bendición. Sé cuál es mi lugar. Antes de que me pidan que me vaya, me iré por mi cuenta. No soy...

—¿Eres feliz aquí?

Eli se quedó mirándola.

—Respóndeme con sinceridad.

Eli asintió despacio, con un nudo en la garganta.

—Sí. Muy feliz. Es como... tener una familia —dijo en voz baja.

—¿Entonces por qué quieres irte?

Eli vaciló, incapaz de responder.

—Quédate aquí todo el tiempo que quieras —continuó Althea—. Mi esposo ya encontró la mejor escuela para ti. Se está encargando de que no te falte nada. Vas a estar protegida. No tienes nada que ver con lo que hizo tu madre.

—P-pero... —Eli la miró, confundida. No se lo esperaba, y menos de ella.

—Abuelita y abuelito hablaron contigo porque merecías saber la verdad, no porque quisieran sacarte de esta casa. Están pensando en tu futuro.

Eli fue dejando de llorar, aunque todavía le temblaba el cuerpo.

—Ya sabes que Selena no es tu madre biológica, ¿verdad? —añadió Althea con dulzura—. Entonces, ¿qué tiene de malo que te quedes aquí? La familia no siempre depende de la sangre.

Eli se apretó las manos, nerviosa.

—Sé que puedes elegir —dijo Althea, con tono amable—. Pero si me permites darte un consejo... lo mejor para ti es aceptar la protección de esta familia. No vamos a apartarte por lo que hizo tu madre. Queremos que estés bien, Eli.

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