Capítulo 397
Mientras tanto, en Solaviz.
Cuando terminó la llamada, Althea se quedó mirando la pantalla apagada del celular. La invadía una inquietud que no nacía de lo que Daven le había dicho, sino de todo lo que había callado. La tensión parecía venirle de todos lados, sobre todo por las noticias sobre el Grupo Callister, que cobraban más fuerza a cada hora.
Althea estaba segura de que Daven cargaba solo con todo. La calma en la voz de su esposo no hacía más que llevarla a imaginar lo peor.
-¿Mamá? —llamó una vocecita desde las escaleras.
Althea se sobresaltó y levantó la mirada enseguida.
-¿Sí, cariño?
Josh bajó con su pijama favorita, seguido por Grace, que iba de la mano de Lydia. Althea sonrió por reflejo, aunque sus pensamientos seguían lejos de ahí. Delante de los niños no iba a dejar que se notaran sus preocupaciones.
-El desayuno ya casi está listo -dijo Riana al salir del comedor. La miró preocupada cuando notó la expresión sombría de Althea-. ¿Por qué tienes cara de que no dormiste nada?
-Estoy bien -respondió Althea rápido.
Riana suspiró.
-No te angusties por lo de Daven, querida.
Esas palabras le tocaron una fibra sensible; reflejaban con precisión lo que Althea había sentido toda la mañana. Mientras tanto, Lydia se apresuró a llevar a Josh y a Grace hacia el comedor para librarlos de una conversación que solo habría vuelto el ambiente más incómodo.
Por suerte, los dos niños parecieron entender.
Riana agradeció en silencio que Lydia tuviera la sensibilidad para leer la situación.
-Deberías tratar de calmarte, Althea.
Althea suspiró y se frotó las sienes.
—Sí, mamá. Gracias.
Riana le pasó un brazo cariñoso por los hombros.
-Te preocupas demasiado.
-Creí que podía pasarlo por alto -murmuró Althea-, pero no puedo. Daven está en Rioverde.
La situación todavía se ve difícil y ya hay problemas nuevos.
Riana entendía la inquietud de Althea; ella misma había estado alguna vez en su lugar. Su esposo peleaba por una empresa al borde de una crisis seria, mientras ella podía hacer tan poco. Por eso la guio con suavidad hasta el sillón de la sala antes del desayuno.
-Hasta cierto punto sé cómo te sientes ahora — dijo Riana en voz baja, mientras le acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja-. Pero tienes que saber que Daven va a hacer lo que sea para proteger lo que construyó. Cuando enfrentamos una crisis, mi esposo también peleó hasta el final para demostrar de qué estaba hecho.
-Es solo que... la situación me asusta —admitió Althea en voz baja.
Nathan, que acababa de salir de su estudio rumbo al comedor, se detuvo al ver a Althea y a su esposa enfrascadas en una conversación en la sala. Se acercó y alcanzó a escuchar sin querer las palabras de Althea.
-Althea -la llamó Nathan.
Su presencia las sorprendió a las dos.
-Ah... ¿las asusté? -preguntó con tono ligero.
Riana chasqueó la lengua y le hizo un gesto a su esposo para que se sentara con ellas.
-No necesitas estar tan tensa por lo que está pasando, Althea —siguió Nathan una vez sentados, frente a frente.
Althea suspiró.

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