Capítulo 443
—Ya llegamos —dijo Lydia. Durante todo el trayecto, Althea, sentada a su lado, no dijo nada. A Lydia no le molestaba. En momentos así, el silencio no marcaba distancia. Le daba espacio y la ayudaba a ordenar sus ideas.
—Ah... tienes razón. —Althea suspiró—. Ni me di cuenta.
Lydia solo sonrió.
—Vamos, bajemos. Hoy hace buen clima. —Tomó el ramo que había traído para dejarlo sobre la tumba de Chase. Para Lydia, Chase había sido el mejor amigo de su vida.
Guardaba muchos recuerdos de él. No todos eran agradables; a Chase le encantaba molestarla, pero cada vez que Lydia necesitó a alguien, él estuvo ahí.
Althea hizo lo mismo. Caminaron juntas hacia el lugar donde Chase descansaba en paz.
Una brisa suave recorrió el cementerio y trajo olor a tierra húmeda y hojas recién caídas. El cielo estaba gris, pero retenía la lluvia, como si hiciera una
pausa para darle lugar a una conversación que no debía apresurarse.
Althea se detuvo ante la lápida de Chase Miller, aferrada con ambas manos al ramo de flores blancas que aún no soltaba. Leyó el nombre, esas letras que se sabía de memoria, pero cada vez que las leía, el pecho se le oprimía igual.
Mentiría si dijera que no sintió rabia y frustración cuando su última visita a la tumba de Chase se volvió tan perturbadora. Si el culpable ya hubiera pagado, ahora no estaría tan exasperada. En ese entonces había tantas cosas que quiso decir.
—Josh está creciendo mucho más rápido de lo que esperaba —dijo Althea al fin, con voz firme—. Está empezando a ver el mundo a su manera. Ahora cuestiona más. Es muy directo, muy calculador... a veces te veo en él.
Esbozó una sonrisa, conteniendo el dolor que la atravesaba.
—Se está convirtiendo en el Josh Grayson que esperabas. Es un hermano mayor considerado y atento, alguien que siempre protege a su hermanita. —Habló con orgullo—. Cuando tenga vacaciones de mitad de semestre, lo traeré a verte.
Lydia se mantuvo unos pasos detrás de ella, dándole espacio sin bajar la guardia. Sabía que Althea no quería estar sola ese día, pero tampoco quería que la presionaran.
—Y Grace —continuó Althea—. Tu hija está creciendo alegre, terca y siempre quiere llamar la atención. Cada vez que se ríe, sonríe igual que tú. Y sus ojos también. Cualquiera que la viera estaría de acuerdo conmigo. Grace es tu versión de niña. — Althea se rio.
—Seguro la escuchas cada vez que Grace se ríe — dijo con un suspiro, bajando la cabeza—. Seguro estás feliz de verlos.
Por fin colocó las flores ante la lápida. Le temblaban los dedos.
—Pero a ti no te gustaría verme así —añadió, esta vez casi en un susurro—. Lo sé.
Lydia se acercó.
—Althea —dijo con dulzura pero con firmeza, apoyando una mano en el hombro de su amiga—.
No te equivocas por sentir todo esto.
Althea negó despacio.

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