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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 473

Capítulo 473

La puerta se cerró suavemente a sus espaldas.

La sala que la Fiscalía les había preparado no era grande, pero sí acogedora, con un sofá de dos plazas, una mesita, un dispensador de agua y una ventana esmerilada que dejaba pasar la luz sin revelar nada del exterior. Al menos quedaba lejos de las cámaras y los reflectores. El ruido se amortiguaba y la presión aflojaba.

Y lo más importante era que se trataba de un espacio lo bastante seguro para hablar como esposos, no como protagonistas de la noticia.

—Siéntate —dijo Daven tras un suspiro largo. No esperaba la visita de su esposa. Los abogados de su caso solo habían mencionado que un familiar quería verlo. De haber sabido que era Althea, se habría negado desde el principio.

¿Lo habría coordinado Arven con el abogado principal? No lo sabía. No podía comunicarse con Arven a su antojo. Incluso para hablar con Cale tenía límites de tiempo innegociables.

Parecía una cárcel. Althea se acercó sin decir una

palabra.

Solo cuando lo tuvo tan cerca pudo ver a Daven con claridad, pálido y demacrado, con la mandíbula todavía tensa. Tenía el traje arrugado, la corbata floja y esa mirada tranquila de siempre, ahora forzada a mantenerse alerta.

Con eso le bastó. Althea no esperó más.

Lo abrazó con delicadeza. No fue un abrazo apretado ni apresurado. Apoyó la mejilla contra su pecho y, por primera vez desde que entró a la sala, dejó correr las lágrimas.

Daven tardó unos segundos en devolverle el abrazo.

La rodeó despacio con los brazos y luego la estrechó con más fuerza, no para retenerla, sino para asegurarse de que estaba ahí, entre sus brazos.

—Perdóname —murmuró Daven—. Nunca quise que me vieras así.

—¿Por qué no? —preguntó Althea con suavidad.

Daven solo pudo mirar al techo en busca de las palabras adecuadas. No le salió ninguna. Solo atinó a cerrar los ojos con fuerza y acariciarle la espalda con caricias lentas y suaves.

—Perdóname —susurró.

—Vi todas las noticias —dijo Althea en un murmullo—. Te están acorralando. Te pintan como un criminal sin escrúpulos, como si todo lo que haces fuera un error imperdonable.

Daven exhaló despacio.

—No puedo detenerlo.

—Lo sé. —Althea lo abrazó con más fuerza—. Pero no tienes que cargar con esto solo.

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