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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 484

Capítulo 484

—No —gruñó entre dientes—. Hoy no.

Eli abrió los ojos y se quedó sin aire.

—Mañana es importante —continuó Selena, más para sí que para Eli —. No puedes aparecer con moretones.

Eli miró a su madre sin entender.

—¿Importante para qué?

—Vete a tu cuarto —ordenó Selena—. Ya.

—Quiero explicar...

—VE —repitió Selena con dureza.

Eli no discutió más. Fue a su habitación arrastrando los pies. La puerta se cerró suavemente detrás de ella, pero a Eli le dio la sensación de que alguien le había echado llave desde fuera.

Ya en su cuarto, Eli se sentó al borde de la cama y clavó la vista en el piso. Le temblaban las manos. Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero las contuvo a la fuerza. ¿Qué planeaba hacer su madre?

Por más que lo pensaba, no encontraba respuesta. Y

no podía preguntárselo a Selena de frente. Solo conseguiría que volviera a gritarle, o algo peor. Un momento antes, su madre había estado a punto de abofetearla sin pensarlo.

Mientras tanto, en la sala, Selena se tomó unos segundos para serenarse. Solo unos segundos. No se esperaba que Eli le mintiera. Peor aún, casi había logrado engañarla, pero por el GPS que le había escondido en el bolso, Selena sabía exactamente dónde había estado su hija.

Increíble. Aunque Eli hubiera conseguido reunirse con Riana, para Selena ya era demasiado tarde.

Cuando volvió a calmarse, Selena tomó su bolso. Se paró frente al espejo, se arregló el cabello y recuperó el gesto sereno.

El celular vibró y Selena se fijó en él. El nombre de Harold apareció en la pantalla.

—¿Sí? —contestó.

—Suenas molesta —dijo Harold en cuanto se conectó la llamada.

—Me mintió —respondió Selena con sequedad—.

Al menos logré no pegarle.

—¿Quién? ¿Eli? —Adivinó Harold.

—¿Quién más? —suspiró Selena—. Basta, no perdamos tiempo con esa niña.

Del otro lado, Harold se rio.

—Te lo advertí. Tienes que ser más firme con Eli.

—Al menos todavía puedo controlarla —dijo Selena con frialdad—. Y hoy se vio con Josh Miller. Creyó que podía ganarme diciendo que Riana piensa verla pronto.

—¿Y no es cierto? —preguntó Harold con suavidad.

Selena tensó la mandíbula.

—Cuando estalle la noticia de mañana, vas a verlos, ¿no?—continuó Harold—. Se acabó eso de esperar a que la vieja tenga tiempo, o de esconderte detrás de pretextos como que no importas. Debieron hacerte caso cuando todavía podían hablar por las buenas.

Selena sonrió de oreja a oreja al escuchar a Harold.

—Ah, no lo había pensado así.

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