En la casa de los Miller, las mañanas solían empezar con calma, como de costumbre.
El sol apenas se asomaba cuando el personal empezó a preparar el desayuno en el comedor principal. El aroma del pan tostado y de la sopa caliente llenó poco a poco el lugar y se mezcló con el olor intenso del café recién hecho.
Eli ya estaba sentada a la mesa cuando Nathan entró por el corredor.
Esa mañana se había arreglado. Llevaba el cabello largo recogido con sencillez, un suéter color crema y una falda oscura. Los ojos ya no se le veían tan hinchados como el día anterior, aunque todavía se le notaba el cansancio.
—Buenos días, abuelito —saludó Eli con cortesía cuando Nathan se acercó.
Nathan asintió brevemente.
—Buenos días, Eli.
Apartó una silla en el extremo de la mesa y se sentó sin prisa. Observó a la niña unos segundos, en silencio, para comprobar si se veía mejor.
—¿Dormiste bien?
Eli asintió.
—Sí. Dormí mucho mejor que ayer.
Nathan sonrió apenas.
—Me alegra escucharlo.
Poco después, Riana entró al comedor con Grace detrás, que todavía se frotaba los ojos.
—¿Por qué ya están todos despiertos? —se quejó Grace con un bostezo.
Riana rio.
—Porque ya es de mañana, cariño.
Grace se dejó caer en la silla junto a Eli. Sin decir nada, apoyó la cabeza un momento en el hombro de la niña.
—No estás enferma, ¿verdad? —susurró.
Eli esbozó una sonrisa.
—No.
Le acarició la cabeza a Grace.
—¿Te desvelaste? ¿Por eso tienes tanto sueño?
—No —protestó Grace—. Es que extraño a mami.
Eli suspiró suavemente.
—Entonces deberías haberme llamado. Me habría quedado contigo hasta que te quedaras dormida.
—La próxima vez —dijo Grace, sin apartar la mirada de Eli—. Cuando mami y papi no estén en casa, te quedas conmigo hasta que me duerma, ¿sí?
Le tendió el meñique.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo —respondió Eli con firmeza mientras entrelazaba su meñique con el de Grace.
Josh apareció unos segundos después, con un cuaderno grueso en la mano. Se detuvo en cuanto vio a Eli, y la cara se le iluminó de alivio.
—Buena decisión, Grace —dijo Riana con calidez.
Mientras tanto, el personal empezó a servir el desayuno. Pusieron un tazón de caldo de pollo caliente en el centro y luego sirvieron pan tostado, omelets y platos de fruta recién picada.
Eli tomó el vaso de agua que tenía enfrente.
Todavía se le hacía extraño sentarse a esa mesa. Pero esa mañana era distinta a la anterior. Las ganas de huir se habían esfumado. Al contrario, se sentía inmensamente afortunada de que la hubieran dejado quedarse, de poder seguir sentada ahí, acogida.
Estar entre ellos... ser parte de esa familia. Y entonces empezó a formarse en ella una determinación silenciosa. Quería quedarse. Quería intentarlo.
—Eli —la llamó Riana con dulzura.
La niña levantó la mirada.
—¿Cómo te sientes esta mañana?
Eli pensó un momento antes de responder.
—Mucho mejor, abuelita.
Riana asintió.
—Eso es lo importante.
Empezaron a comer juntos. La conversación en la mesa se mantuvo ligera. Grace hablaba de una tarea de la escuela mientras Josh seguía quejándose de una fórmula de física que no lograba entender.
Eli se sumaba a la conversación de vez en cuando, y el ambiente se volvía más acogedor. Pero, cuando estaban por terminar de comer, un empleado entró para anunciar algo.
—La señora Althea ya volvió.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...